Perfiles

‘Madre Diana’, la mujer que protege a 110 niños de la comuna 14 en Cali

Era el mes de octubre de 2015. Diana Arce recibió una llamada a la madrugada en la que le avisaban que su madre, quien se encontraba delicada de salud en el hospital San Juan de Dios en Cali, estaba empeorando.

La mujer, de estatura mediana, delgada y trigueña, con todas sus esperanzas vivas, se dirigió esa madrugada al hospital, sin imaginar que ese día escucharía las últimas palabras de su madre.

“No se preocupe tanto ‘mija’. Si yo me muero no se preocupe por nada que usted va a salir adelante. Diana, usted pierda todo, pero nunca pierda la fe”, sentenció.

Esas eran las palabras más reconfortantes que Diana recibía en ese momento, justo cuando estaba atravesando por diferentes problemas personales, sentimentales y  laborales, donde incluso, corría peligro su vida.

Eran las 6:20 de la mañana cuando su madre murió por diferentes problemas de salud a causa de lo que más ha odiado Diana en su vida: la drogadicción.

Hoy, esta caleña a sus 36 años de edad, cuenta con mucha fortaleza y sentimiento su difícil historia de vida. Sin embargo, no todo es angustias. Desde hace 5 años creó la Fundación Simiente Fruto de Amor, ubicada en la comuna 14, en el barrio Alirio Mora Beltrán. Este lugar se dedicada a cuidar y velar por el bienestar de niños y niñas desde los cero meses hasta los nueve años.

De la pobreza a la ‘riqueza’

Esta mujer desde niña tuvo que pasar por diferentes situaciones: conoció la pobreza extrema junto con su familia, su madre siempre fue adicta a las drogas, especialmente al bazuco, su padre solía tomar mucho licor y también consumía drogas, y sus dos hermanos a temprana edad decidieron escoger un camino de vida peligroso, en el cual fueron asesinados.

“Yo supe lo que era acostarme a dormir solo con una aguapanela en el estómago y dormir en cartones porque no había colchones”, recuerda. También, como yo era la hija mayor tenía que ir a conseguirle las drogas a mi mamá y meterme a todos los expendederos. Sin embargo, siempre recuerdo que mi madre nos decía que ella nos quería mucho pero que salir de eso era muy difícil, y así fue, nunca pudo”, afirma Diana, con su voz entre cortada.

A sus 16 años creyó haber encontrado el amor y con ello, una salida a todos sus problemas. No obstante, tras un año de relación Diana quedó embarazada y al tener a su hijo se fue a vivir con la familia de su pareja, quienes al conocer la historia de su vida y de sus familiares, la juzgaban y la humillaban continuamente.

“Me aguanté el maltrato de él y el de sus padres que era constante. Yo para ellos era lo peor, e incluso, llegó una época en la que yo me creía todo eso y prácticamente me derrumbé. Siempre me decía a mí misma que no valía nada, que no entendía para que vine a este mundo”, recuerda.

Sin embargo, todas y cada una de esas situaciones vividas hicieron que Diana se convirtiera en una mujer con mucha fortaleza, perseverante, con fe y creedora de la palabra de Dios.

Desde muy joven siempre tuvo claro lo que quería para su vida y que jamás entraría en ese mundo de la drogadicción que acabó con la vida de su madre. Cada paso que Diana daba era con el fin de crecer como persona, de mejorar, de salir adelante y de acabar con lo que ella denomina “las maldiciones generacionales”.

Por esa razón, esta mujer continuó sus estudios y empezó a prepararse como normalista superior con énfasis en ciencias naturales y a su vez tuvo la oportunidad de trabajar en el mismo jardín donde estudiaba su pequeño hijo. Con esto, a pesar de muchas dificultades que tuvo en su preparación, logró capacitarse y empezar labrar el camino que la llevaría a cumplir su sueño de crear su propia fundación para niños.

Madre de 110 niños

Así fue. Diana es la fundadora y directora de la Fundación Simiente Fruto de Amor. A ese lugar, decenas de padres y madres llevan a sus hijos a que ella los proteja mientras se van a trabajar. Es un acto de fe y esperanza.

Con sus objetivos claros, su amor y su implacable energía, Diana junto con un grupo de mujeres totalmente capacitadas y comprometidas con la transformación social, en específico la de la población infantil, le bridan a 110 niños un lugar donde la mayor prioridad es el bienestar de ellos y donde les garantizan sus derechos básicos como alimentación, educación, protección, higiene, amor y valores.

Miriam Valencia, es una madre de familia que deja a su hija desde que nació al cuidado de Diana, comenta que, “la labor que ella hace es importante porque mucha gente se dedica solamente a prestar un servicio en pro del dinero que le van a retribuir. Mientras que aquí brindan un servicio excelente por muy poco dinero, a veces hasta por nada y a los niños se les atiende, se les brinda cariño y alimentación”.

No obstante, esta fundación, considerada para sus niños como un hogar, tiene unas características particulares. Diana solo recibe niños que estén atravesando o tengan una vida similar y difícil a la que ella tuvo, es decir, niños con familias disfuncionales donde solo hay presencia de alguno de los padres, y situaciones donde el padre o la madre están inmersos en el mundo de la drogadicción o el alcoholismo.

Otra característica es que su directora desde el inicio tuvo que buscar diferentes alternativas para adquirir los recursos que sostuvieran la fundación, y fue ahí donde Diana encontró en el reciclaje la forma de salir adelante y conseguir todas y cada una de las cosas que los niños necesitan.

De forma independiente, esta mujer aprendió todo sobre el reciclaje y en su rutina diaria incluye ir a recolectar todos esos materiales en diferentes empresas o también, tocando puerta a puerta para que las personas le colaboren.

Con esta actividad productiva, Diana obtiene los recursos que necesita para el sostenimiento de la fundación e incluso muchas veces lo ha cambiado para conseguir el alimento de sus niños, a quienes ella considera como sus hijos.

“La labor del reciclaje me parece algo muy bueno porque además ella les enseña a los niños todas estas cosas y a cuidar de forma correcta el medioambiente, y eso es lo que necesitan nuestros hijos hoy en día”, afirma el padre de familia Andres Felipe Sarmiento, quien tiene a sus dos hijos en la fundación desde que nacieron.

Desde las 6 de la mañana, esta luchadora empieza a recibir a sus pequeños con el amor y la ternura que la identifican. Durante todo el día, hasta a las 8 de la noche, realizan diferentes labores con los niños, en las que lo más importante es inculcarles valores y convertirlos en personas de bien que empiecen a forjar su proyecto de vida para que de esas pequeñas semillas, Diana pueda cosechar un gran fruto de amor, así tal cual como sueña ella.

Ahora la vida le sonríe a esta mujer. Después de tantos obstáculos ha logrado con constancia y dedicación lo que un día soñó. Nuevamente el amor llegó a su vida y pudo conformar una familia con su nueva pareja, dos hijos como fruto de esta relación y su hijo mayor, quien la apoya y le ayuda en sus labores diarias.

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