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Lev Yashin: el mejor arquero de la historia era ruso

Era un adelantado a su tiempo, alguien que podía a la vez estar en el pasado y en el futuro. No se jactó de eso, no quiso. Fue el primero, y luego, el más grande de los arqueros. Es decir, antes de él nadie y después de él menos. Pasaran siglos y nadie lo igualará. Es la posición del fútbol que nunca cambiará su paradigma. Uno nunca creyó que después de Pelé nadie y apareció Maradona, Messi, y todo se volvió confuso, casi aromático para decidir. Con Lev (Moscú, 1929 -1960), no. Nunca pasó ni pasará.

Cada tanto sale un portero y sorprende, pero no deslumbra, no agota su posición. Lev lo hacía cuando los jugadores no eran tan técnicos, mientras él era el jugador técnico. Solo fue dueño de un arco, de un equipo, ni siquiera recorrió el mundo mostrando su destreza, se hizo con su imaginación, a punta de saltos voladores, como los grandes. Yashin es por siempre y para siempre.

Ni Zoff, ni Buffon, esa estirpe de grandes atajadores italianos pudieron igualarlo. La razón: querían ser como él, y allí fue el error. Vaya a Google y busque una lista de los mejores porteros de la historia y Lev lidera, y de lejos, los registros. Y lo que es peor, jamás lo vimos y decimos que fue el mejor. Cosa rara eso, pero ocurre. Yo digo que nadie como Lev, y me siguen.

Tenía el apodo perfecto: la ‘araña negra’, porque se vestía de negro y porque era de verdad una araña. ¿Y qué hace una araña? Pues tejer, tapar vacíos, interrumpir el paso. Conocía los ángulos como quien diseña una torre. Darwin, ese imperfecto sabio, decía que había arañas voladoras, que surcaban mares y cielos. ¿Animales de otro mundo? No. Lev era un ser humano y era araña y araña voladora. Hoy, en la fauna silvestre, se siguen descubriendo estos bichos raros y tenebrosos.

Rusia tiene hoy a un ídolo tan popular como Stalin o Lenin. Seguro que es más conocido que Putin y el vodka juntos y tan enorme como la Plaza Roja. Una vez le preguntaron cuál era la clave del éxito: “fumar un cigarro para calmar los nervios y después tomar un buen trago de licor para tonificar lo músculos”.

Fue campeón de Europa en 1960 y jugó tres Mundiales entre 1958 y 1966. Solo defendió el Dínamo de Moscú, con el que registró 270 partidos sin conceder gol de los 326 encuentros que disputó. Una friolera. Por eso, en 1963 ganó el Jugador del Año del Fútbol Europeo, premio que precedió el Balón de Oro. Ha sido el único portero de la historia con ese galardón. Un adelantado.

La Selección Colombia lo encumbró a la celebridad cuando le anotó 4 goles, incluyendo uno olímpico –el único de la historia de los mundiales- que inmortalizó a Marcos Coll, en Chile 1962. Ni él lo entendió, pero le pasó. Era también un imperfecto.

Y qué hacía Yashin que hoy es un mito: pues lo que hacen los porteros de hoy, digamos, lo que hace Neuer: interceptar balones, salir de su línea para provocar al delantero, sacar el balón con el brazo y no pateándolo (él fue el primero) y organizar la defensa, el equipo, desde el fondo. Lo que pasa es que lo hizo hace 60 años cuando el fútbol era romántico y nadie iba a verlo.

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