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Cali

Historias de forasteros en Cali I

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Meléndez durante todo el día parece un mercado persa: vendedores de frutas, empanadas, legumbres, medias, libros, remedios para el amor, para la suerte, se ubican en los andenes como si estos espacios siempre les hubieran pertenecido, y seguro es así porque los habitantes del barrio han aprendido a transitar por medio del tráfico de personas y de objetos como si hubieran estado ahí desde siempre. Pedro González, ubica su puesto a una cuadra de la estación de Policía, una sombrilla de colores combina con el semáforo y crea una armonía de colores, como si la noche a falta de un sol creara pequeños astros para que la alumbraron y verse un poco más poética.

González a simple vista podría pasar por colombiano hasta por caleño, pero el acento no miente, él es venezolano. “Cuando salí de Venezuela era como salir de un país oscuro y entrar a otro con luz. La gente ya no podía mercar, alcanzaba apenas para una libra de arroz, un paquete de harina, ya casi nadie podía comer. Hospitales, fábricas, bombas de gasolina, restaurantes, todo poco a poco ha ido decayendo. En la empresa donde yo trabajaba había 21 mil trabajadores y ahora quedan menos de tres mil. Todos están trabajando fuera del país. Ahora el país está más destrozado que cuando me vine”.

Pedro ingresó por el Puente Simón Bolívar, tres días de viaje para llegar a Cali, no tuvo que caminar, ni aguantar frio. “Dios me trajo sin ningún tropiezo, yo soy un hombre muy creyente”. Su segunda esposa que es colombiana le envió para el pasaje, hoy gracias a esta unión tiene cédula colombiana. Sin embargo, encontrar ingresos para alimentar a sus cuatro hijos que quedaron en el Estado de Bolívar, junto a sus padres y uno en Colombia no ha sido fácil.

En Venezuela era supervisor de mecánica industrial, tenía diez personas a cargo, allá caminaba por calles con un clima más cálido, con calles diferentes, donde los acentos eran cercanos, aquí casi todo es extraño. ¿Qué extraña de su país? Todo, mis hijos, la calle, los amigos. Cuando llegué a Cali trabajaba 13 horas y me pagaban 25 mil pesos diarios, trabajé vendiendo ropa, en una empresa de mantenimiento, luego vendí caramelos, en el centro caminaba casi quince kilómetros diarios, y ahí me ganaba algo de dinero. Yo le pedí a Dios que no quería trabajar más en la calle, entonces tenía un prestamista y le dije quiero poner un carro de comidas y de una me prestó, yo soy un hombre muy creyente en Dios, solo me falta ciento y pico por pagar”.

Hechoencali.com ¿Cómo lo han tratado los colombianos?

Pedro González: Excelente, no me puedo quejar. Es un país de que a pesar de que muchos hablan me ha dado un buen apoyo. Nos llaman ‘venecos’ porque somos como una familia unida y por diferentes políticas ha pagado el pueblo, pero seguimos siendo hermanos. Antes éramos la gran Colombia, simplemente nos dividen un puente nada más. Aquí en mi negocio el que habla mal de Colombia se va porque estamos en este país y nos ha abierto las puertas.

HEC: ¿Qué opina del cambio de moneda que hace poco se dio en su país?

P.G. El Nuevo Bolívar Soberano, solo le quitaron los ceros a los billetes, la misma mierda, que pena pero eso no va lograr que nadie coma.

HEC: ¿Cuándo eran las elecciones en su país, por quién votaba?

P.G. Siempre voté por Chávez, por un cambio algo diferente, que él venía ejecutando muy bien, pero mucha gente estuvo en contra porque le estaba ayudando a los más pobres, lamentablemente los ricos dieron un golpe certero y decidieron salir del país y nos quedamos sin importaciones y poco a poco todo se fue decayendo.

HEC: ¿Qué piensa del socialismo?

P.G. Yo no quiero saber nada de esa mierda, la cagaron. Equidad para todos, eso se volvió una pelea entre gobiernos, pero jodieron al país. Yo quiero volver, pero esta situación va a durar mucho tiempo. Ahora necesitamos mucha educación nos maltrataron moralmente, físicamente estamos muy maltratados, algunas personas son capaces de matar por un reloj porque prefieren eso que ver a sus hijos con hambre. Muchos venezolanos, no están entendiendo lo que nos está pasando.

Hace poco el ejecutivo de Venezuela oficializó el Bolívar Soberano, un ajuste a la moneda que consiste en quitarle cinco ceros de la moneda nacional. Mientras tanto en Cali, un grupo de venezolanos, incluyendo niños, se paran en la esquina del semáforo de la Buitrera cambiando los billetes por cualquier moneda que los conductores apresurados les quieran dar. El Gobierno de Nicolás Maduro también decretó que el salario mínimo fuera 35 veces superior, sin embargo, algunos analistas sostienen que estas medidas resultarán irrisorias y sobretodo injustas, ya que la devaluación de la moneda nacional alcanzará un 95,8%.

Esta se suma a la crisis que vive el país. Al enterarse de la noticia, muchos pequeños comerciantes cerraron sus negocios y otra gran cantidad de venezolanos, si tenían la mínima duda con el cambió, decidieron emigrar. Según migración Colombia, hay 935.593 venezolanos en el país, 105.766 de ellos de manera irregular (corte a 30 de agosto de 2018)

Hay muchos ciudadanos venezolanos, sin embargo, solo usan a Colombia como lugar de paso puesto que sus destinos son Chile o Perú, que está estudiando la posibilidad de exigir pasaporte. Sumado a esto, hace poco más de un mes, hubo enfrentamientos entre vecinos y refugiados, en la ciudad de Pacaraima –Brasil- por un supuesto robo de los emigrantes. Casi 1200 emigrantes tuvieron que cruzar la frontera, ya que los habitantes del sector, les quemaron sus pertinencias y gritaban arengas xenófobas que eran una latente amenaza.

En Colombia la situación migratoria ha alcanzado su punto más álgido, puntualmente en el Valle del Cuaca, donde ver venezolanos en los corredores de la terminal o rebuscándose la comida en el transporte público se ha vuelto algo natural, como si el dolor fuera cotidiano.

Según el registro de Migrantes, más de 10,470 familias están agrupadas en el Valle del Cuaca, la mayoría en Cali. En barrios como la Independencia, los vecinos señalan que la situación es inaguantable, ya que los extranjeros han invadido sus andenes, sumado a esto, el albergue que está en el sector ya se presentaron algunos  casos de herpes.

A pesar de esta situación, siguen caminando y cambiando de ciudad, de barrio, de profesión. Siguen trabajando en lo que salga, así en lo que salgan paguen mal, siguen recordando, añorando sus calles, su gente, a pesar de todo siguen aguantando.

 

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