Presidenciales

Elecciones: cuatro conclusiones

Por: Germán Ayala Osorio

Después de los resultados de la jornada electoral del 27 de mayo de 2018, se pueden exponer, por ahora, cuatro conclusiones. La primera, que confirma que Colombia es una democracia sin partidos. Y este no es un asunto menor. La segunda, que sigue siendo la sociedad colombiana, en un alto porcentaje, conservadora, goda, con enormes miedos al cambio, y por supuesto, de Derecha.

La tercera conclusión apunta a reconocer que hay un evidente despertar del pensamiento de Izquierda, mas no de la Izquierda como estructura y perspectiva de poder político; eso sì, dicho despertar está sujeto, en doble vía, a la figura carismática de Gustavo Petro Urrego, al malestar social que logró evidenciar en sus multitudinarias concentraciones populares, y por supuesto, a los errores económicos, sociales y políticos cometidos por amplios sectores del Establecimiento que se expresan en la desigualdad social, los crecientes problemas y conflictos socio ambientales y la concentración de la riqueza en pocas manos, entre otros asuntos. Petro logró traducir ese malestar social en 4.851.254 votos.

Y la cuarta y última conclusión, es que el discurso de la paz con las Farc se agotó de tal manera, que hoy son otros los temas que preocupan a los colombianos. Entre estos, la lucha contra la pobreza, la corrupción política y administrativa, la desigualdad y los crecientes problemas y conflictos socio ambientales que ya irrumpen en la agenda pública (Cambio Climático, minería y los problemas del desarrollo extractivo).

El triunfo de Iván Duque no obedece exclusivamente a su figura carismática, a su juventud, o a “lo novedoso” de sus propuestas. Por el contrario, su paso a la segunda vuelta (con 7.569.693 votos) debe asociarse al pánico que despertó en esa Colombia goda, tradicional e indolente ante la desigualdades social, la irrupción de Petro y su apuesta por romper con las estructuras de poder económico, político y social que han asegurado de tiempo atrás la existencia de millones de colombianos que viven en la pobreza y en la miseria, víctimas no solo del modelo económico, sino de su empobrecido capital social y baja cultura política, alimentada por los medios de comunicación y asegurada, en parte, por la crisis de la educación pública.

Además, el triunfo parcial de Duque obedece al funcionamiento de las maquinarias clientelistas que bien supo estructurar, aceitar y mantener Uribe Vélez, después de haber manejado, durante ocho años (2002-2010), el presupuesto de la Nación con criterios populistas y con altos índices de corrupción política y administrativa. Por ese camino, no ganó solo Duque: estamos ante el triunfo parcial de su mentor, que sigue siendo un importante ‘barón electoral’, a pesar de las evidencias y los hechos que lo incriminan, de tiempo atrás, con crímenes de lesa humanidad, en asocio con estructuras mafiosas y paramilitares. Por ello, el triunfo de Duque y quizás, la enorme posibilidad de que alcance la Presidencia para el periodo 2018-2022, responde a la consolidación y entronización de ese ethos mafioso y del Todo Vale que bien supo agenciar su jefe político, Álvaro Uribe Vélez.

También hay que decir, que el resultado electoral que tiene a Duque en la segunda vuelta presidencial obedece en buena medida a que los congresistas de Cambio Radical dejaron solo a Germán Vargas Lleras (apenas obtuvo 1.407.840 votos, para acompañar al ungido del caballista, latifundista y ganadero antioqueño, Álvaro Uribe Vélez. Es decir, la Derecha, al presentarse dividida a esta jornada electoral, actuó con pragmatismo y se volcó a la campaña de Duque Márquez. Igual decisión tomaron en otras colectividades, como los partidos Liberal, Conservador y Partido de la U, entre otros.

En cuanto al segundo lugar alcanzado por el candidato de la Colombia Humana, hay que señalar que el país está ante un fenómeno social y político que tiene todavía temblando a un Régimen de poder que debe empezar a adoptar medidas urgentes para bajarle la presión que ya ejerce el malestar social que el ex alcalde de Bogotá logró no solo evidenciar, sino conducir electoralmente. En una democracia sin partidos como la colombiana y dada la eterna incapacidad de los sectores de Izquierda para unirse será difícil consolidar un partido de izquierda democrática, soportado en los votos alcanzados por Petro.

Lo acontecido con Sergio Fajardo, el tercero, después de Petro, obedece a la expresión de sectores de centro derecha, que le apostaron a un camino distinto al planteado por Duque y Petro, sin que ello signifique que su proyecto polìtico estuviera pensado para hacer grandes transformaciones para el país. Su discurso por la educación, como el de la paz, se volvió intrascendente y por momentos, soso. Sin embargo, la votación alcanzada es, una mínima parte, “endosable”, por tratarse de un voto de opinión.

En cuanto al candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana, hay que señalar que el resultado obtenido (399.180 votos) es una verdadera catástrofe política y electoral. Dicho resultado obedeció en parte, a que la imagen negativa que como negociador del fin del conflicto armado con las Farc, se fue consolidando por hechos como la captura de Santrich y por todo lo que mediáticamente se construyó en torno a ese proceso de negociación. Además, hay que señalar como responsable directo de esta debacle del Partido Liberal, está el jefe de esta colectividad, César Gaviria Trujillo, quien lo abandonó política y electoralmente.

El expresidente liberal actuó más como padre de familia y como típico político colombiano, que como Liberal: estaba más interesado en asegurar las componendas para que en cuatro años, muy seguramente su hijo Simón Gaviria, pueda lanzarse como candidato presidencial.

Lo acaecido con De la Calle confirma la debilidad de los Partidos Políticos, en particular la del propio Partido Liberal, que en otros tiempos fuera un faro electoral importante en jornadas electorales.

¿Qué pasará en segunda vuelta?

Después de los resultados electorales, al país se le presentan dos opciones, dos caminos: el primero, que nos llevará mantener, inamovibles, las condiciones históricas sobre las que se viene sosteniendo el actual Régimen de poder; y el segundo, que nos lleve a explorar cambios conducentes a edificar una verdadera democracia, con partidos y no con mafias clientelares, un Estado moralmente viable y a aceptar que somos diferentes y en que en medio de la pluralidad, podemos consolidar una Nación orgullosa de su mixtura identitaria, en condiciones de equidad y de respeto a la dignidad humana.

Es claro que los agentes que siguen extendiendo el primer camino apoyaron a Duque en esta jornada electoral. Así mismo, está claro que el segundo camino apenas se empezó a recorrer hoy, a pesar de las trochas que otros dejaron en el pasado, pero que no lograron sobre estas, consolidar caminos libres para lograr los cambios que el país necesita.

Serán determinantes los mensajes que manden en adelante los candidatos perdedores. Muy seguramente, Vargas Lleras buscará refugio en las toldas de Duque, amparado en simpatías ideológicas y en la necesidad de mantener su vigencia política sobre la base del poder clientelar que no lo acompañó en esta jornada, debido a su nulo carisma y carácter recio, que raya con la patanería.

Entre tanto, de la campaña de Fajardo podrían darse tres vertientes: una, que decida apoyar a Petro, otra que haga lo contrario y acompañe a Duque y por último, la tercera que inicie campaña para aupar el voto en blanco. De los ya insepultos partidos liberal y conservador, se esperan apoyos hacia Duque y Petro, de acuerdo con cálculos políticos de cada congresista.

Habrá que esperar què sucede. Lo más probable es que Duque triunfe en la segunda vuelta. Y si así se dan las cosas, dicha victoria no será un triunfo para el país, sino para aquellos que soportan el Establecimiento. Por el contrario, si Petro triunfa, deberá ceder y llegar a consensos con sectores de poder político, económico, social, militar y eclesiástico, si de verdad pretende dejar bien trazados los caminos para que Colombia alcance la esquiva modernidad, sin que ello suponga aniquilar las formas tradicionales y las diversas modernidades que hoy confluyen en varios territorios del país. Una parte del país decidió.

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