Crónica

El caballo de paso fino que delató a un narcotraficante

El video dura un minuto y 11 segundos, y fue reproducido, en YouTube, en 39 mil ocasiones. Para el que no conoce esta historia, puede parecerle una grabación sin ninguna sorpresa, apenas la toma de un caballo poderoso que pisa el pasto de la finca y da la impresión que lleva un motor a vapor. El caballo se llama ‘Patrimonio’. Cuando se grabó el video en noviembre de 2008, tenía 19 años. Y llegó a ser el reproductor emblema del paso fino colombiano. Su dueño, Joaquín Mario Valencia, ‘El Caballista’, juraba que era el mejor semental de la historia. Pero un día, un militar amante de los caballos, descubrió que el caballo era único, pero su propietario no era empresario. La historia termina ahora que ‘Patrimonio’ pasa sus días con precaria alimentación en una pesebrera de dos por dos y su dueño en una celda gringa del mismo tamaño, acusado de ser uno de los narcotraficantes más buscados de Colombia.

Joaquín Mario Valencia, ‘El Caballista’, tenía tres obsesiones en su vida: el dinero, las mujeres y los caballos. Lo primero lo alcanzó notoriamente hasta el punto que las autoridades lo acusaron de ser el reemplazo de los hombres fuertes del Cartel de Cali, lo segundo lo logró cuando se casó con la excampeona y bella patinadora Luz Mery Tristán y lo último hizo de esto su pasión. Pero se volvió algo enfermizo cuando adquirió a ‘Patrimonio del 8’ –como  se llama verdaderamente el caballo- al criadero La Margarita del 8, en la finca de La Loma, en Envigado, propiedad del extinto caballista de Medellín, Fabio Ochoa Restrepo, famoso por ser el creador del paso fino colombiano y padre del Clan Ochoa, cofundadores del Cartel de Medellín. Al momento de adquirirlo, el potro tenía siete meses y aún se desconoce cuánto pagó Valencia, pero cualquiera que haya sido la suma, fue algo mínimo para lo que después le representó a él y a su criadero La Luisa, en Jamundí, que llegó a mimarlo como a un niño y a custodiarlo como a un preso.

‘El Caballista’ sabía que el potro tenía unos genes asombrosos: provenía de ‘Amadeus’ –caballo favorito de Ochoa-, que a su vez era hijo de ‘Resorte IV’, ambos ejemplares Fuera de Concurso –galardón que se da tras ganar más de una docena de campeonatos en ferias equinas grado A y B-. Su madre era ‘Aristocracia’, que a su vez era hija de ‘Bochica’, otro ejemplar mítico entre los andares de paso. ‘Amadeus’ fijó su nombre en la historia al ser el reproductor símbolo del paso fino colombiano hasta cuando ‘Patrimonio’ llegó a ser su historia. Lo que pasó suena increíble: tras el nacimiento, la ‘Aristocracia’ sufrió una inflamación del tejido celular en las patas llamada infosura, causada, al parecer, por mala alimentación, golpes o caídas. Debido a esos padecimientos, la madre no pudo seguir criando a ‘Patrimonio’ y este se quedó pequeño, lo que implicaba que jamás podría participar en ninguna de las más de 130 ferias equinas –según datos de la Federación Colombiana de Asociaciones Equinas, Fedequinas– que se programan a lo largo del país cada año. Para que un caballo participe en ese tipo de eventos debe tener una alzada (entre el piso y la monta del caballo) de por lo menos 1,38 centímetros. A ‘Patrimonio’ le faltaron dos centímetros.

Vi a ‘Patrimonio’ por primera vez un sábado de octubre, en la mañana del año 2001 cuando a Valencia ya las autoridades lo tenían en la mira. Luego de varios intentos por acceder al caballo, su dueño permitió que lo conociera por un par de horas. La cita se fijó a las 10 de la mañana por uno de los cientos de callejones misteriosos que acceden a muchas propiedades que hay en la prominente zona de Pance, al sur de Cali. La seña era una compuerta al final del pasadizo que se debía tocar a la hora indicada. Así ocurrió, y un hombre delgado, con la ropa un poco raída, bajo una gorra de colores, abrió el portón de hierro que permitió acceder a la propiedad. Ya adentro se supo que este acceso era la puerta trasera de la mansión de ‘El Caballista’, un predio que luego medio país conocería por sus lujos y su extravagancia. Hoy, este inmueble está a la vista de todos luego de que la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) le cediera el predio a la Universidad Icesi para sus cursos de extensión.

A esa hora, ‘Patrimonio’ comía en una pesebrera amplia, con paredes de cemento, con techos altos y una comodidad inusual para un animal. Estaba muy lejos de las pesebreras de guadua y techo de zinc que hay en el Valle del Cauca donde habitan estos equinos y del mito de que este caballo vivía en una urna de cristal, como alguna vez insinuó un juez equino. De los más de mil caballos que Valencia tenía, era el único que vivía en su mansión. Solo dos razones lo justificaba: que jamás se lo fueran a robar y que sufriera un cólico y pudiera ser atendido rápidamente. Las cuatro yeguas en calor que esperan al caballo, cerca de la pesebrera permanecían amarradas.  A pesar de eso, al animal jamás se le puso una yegua por monta directa, todo era por inseminación artificial, y a partir de allí transferencia de embriones. Y antes de que buscara a las yeguas, ‘Patrimonio’ se soltó en el predio y se vio un caballo inmaculado, soberbio, con un andar inalterable, a veces corriendo, a veces caminando, nunca deteniéndose, siempre a la exposición de todos. Aquel cuidandero cerró la charla así: “este caballo tiene movimientos sin mover las ancas, lo que da una buena posición, tiene, además, finura, un color que nunca da luceros, sino colores cerrados; su oreja es pequeña, curva, siempre fija y un andar preciso”. El caballo volvió a la pesebrera sin indicaciones, mientras su cuidandero dirigía su mirada a la puerta. Había que irse.

Es como un fortín medieval. El acceso al criadero La Luisa, en Jamundí, al sur de Cali, está adornado con faroles en dos torres de cemento, una puerta de madera y un muro que dice simplemente ‘La Luisa’. En unas de las torres, está el sello tallado del criadero: un trébol de cuatro hojas que significa –según Valencia- mucha suerte porque casi no se encuentra y una cruz que sale de un arco de puntas. Lo que comenzó como un hobby terminó como una industria años después. ‘Patrimonio del 8’ tuvo mucho que ver con ese arranque, pero también con ese final.

En la edición especial del V Mundial 2001, de la revista de Fedequinas, cuya portada es la fotografía del caballo ‘Tártaro del Encuentro’, un hijo de ‘Patrimonio’, trae una entrevista con Valencia, tal vez la última –¿o la primera?- hablando de caballos. “El criadero La Luisa comenzó como un hobby, luego pasó ser un quehacer que nos quitaba tiempo y dinero, no obstante los productos nos mostraban que era un negocio que si se le invertía y manejaba con organización, producía buenos resultados económicos”, dice su fundador, quien rememora que criadero lo inició a finales de los setenta. La yegua la ‘Mañanera’ fue el primer vientre que dio vida a ‘La Espléndida’, que ganó una cinta azul (primer puesto en su categoría) en la modalidad de la trocha, lo que señala el inició de ‘La Luisa’. Una de las advertencias que hizo ‘El Caballista’, para alcanzar el éxito, era no cruzar los andares, sino como debía ser: fino con fino o trocha con trocha, los dos andares más importantes de las ferias equinas. La misión del lugar tenía una particular rigurosidad: colores zainos y negros en el paso fino y castaños en los diagonales y tratar de eliminar el bayo. “La visión es producir muchos campeones, pero el objetivo es producir más”, decía.

Para eso, tenía dos fincas adicionales: Guachinte y La Gloria. Hasta octubre de 2001, después del reportaje que le hicieron, contaba con 1.100 animales, 800 ejemplares de las cuatro modalidades y 300 receptoras, con un plantel de 100 trabajadores. No varió mucho hasta su captura dos años después. Uno de sus éxitos fue que utilizó el método de arrendamiento doma racional, donde al animal se le quita temores y surgen resultados como fácil conducción o evitar el coleo en la competencia. Todo cambió cuando ‘Patrimonio’ llegó al criadero en 1989. Según Valencia, “fue una bendición de Dios”. Lo fue.

A Valencia nunca le importó que ‘Patrimonio’ fuera pequeño. Jamás lo miró con lástima o pesar. Eso no impidió que convirtiera a su caballo favorito en un refinado reproductor. De la monta directa, a la inseminación artificial y de allí a la transferencia de embriones. Esa mecánica se hacía cada dos días y el semen se guardaba sigilosamente. ‘Patrimonio’, entonces, fue el primer ejemplar que “ingresó al mercado científico de la inseminación artificial, desarrollando posteriormente programas de transferencia de embriones que han derivado en la ‘producción’ de animales invaluables tanto por su capacidad competitiva como por su condición reproductiva”, recuerda un veterinario del criadero La Luisa. A pesar de esa descripción, ‘Patrimonio’ siempre fue un caballo desconocido para la mayoría de los caballistas porque jamás salió a las pistas a competir como adulto. Eran sus hijos los que sacaban esa casta y mostraba su mejor perfil. Pero así, casi a escondidas, comenzó a tejerse una leyenda que aún hoy sobrevive en el imaginario cuando los expertos aseguran que es uno de los mejores reproductores de la historia de este andar. El paso fino colombiano es el andar más complejo de los otros tres andares tradicionales (trote y galope, trocha y galope y trocha pura) porque los caballos terminan trochando. El sonido de este paso es de martilleó constante: ta..ca….ta..ca….ta..ca….ta..ca…Y eso comenzó a medirse cuando sus hijos, genealógicamente, mostraron una sola raza por generaciones. Es decir, los hijos de los hijos de los hijos seguían con la misma calidad del padre. Incluso, sin que se dijera, los que sabían de caballos, reconocían cuando un animal era hijo de ‘Patrimonio’. Ese color negro cerrado y ese andar se volvió casi una marca. Todo el mundo supo de esto y se tejió el mito de que era un semental de renombre, que pertenecía a un criadero del Valle del Cauca, que sus hijos se multiplicaban, que era un sueño en el más importante de los andares y que su nobiliario era similar al de un rey europeo. Al menos así lo consideraba ‘El Caballista’.

Está sentado en una silla de mimbre, tomando el sol afuera de su casa, en un pueblo del centro del Valle del Cauca. No lo dice, pero fue el que le pasó los datos a los comandos que perseguían narcos de que Valencia no era lo que decía ser. Esos datos terminaron en la DEA. Todo se inició a finales de los noventa cuando este militar retirado asistió a Pereira a una feria equina. “Yo tenía un par de días libres y me fui a ver caballos”, recuerda. “Siempre me han gustado los caballos de paso, especialmente el paso fino y la trocha pura, porque los animales muestran fuerza y docilidad a la vez. Cuando eso ocurre y se cumple, el caballo es un fuera de serie”, dice. Esa vez, exhibieron a ‘Patrimonio’ y cuando lo vio quedó mudo. No solo quedó él, sino la tribuna entera que estaba atestada de gente. “Los niños dejaron de jugar”. El caballo hizo tres salidas a la pista y se fue. Era una exhibición. Luego el militar hizo lo que tenía que hacer: preguntó. ¿Qué caballo era y quién era su dueño? Se dio cuenta que era un caballo reproductor y que su dueño un rico empresario con un criadero a sus anchas. Nada raro. Pero algo que no le cuadró: ¿en qué trabajaba este emprendedor que tenía una industria de caballos de paso que hasta el más grande caballista –Fabio Ochoa Restrepo- lo tenía como hobby? Hay algo cierto: en el país es difícil vivir de un criadero de caballos de paso. Esto es un hobby, no una industrial. Valencia había logrado lo contrario.

Durante casi un año –dice el militar- buscó esporádicamente información sobre el caballo y su dueño. “‘Patrimonio’ era un caballo sensacional y un gran reproductor. Su propietario era alguien hermético, incluso en el gremio de los animales de paso, difícilmente se reconocía. Lo más vistoso era su mujer que había sido una patinadora famosa”, recuerda. En ese año –entre 1993 y 1994- encuentra que Valencia es conocido también con el mote de ‘El Joven’, que al parecer conoce a los capos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, que varios informantes aseguraban que tenía conexiones con carteles de México, especialmente con el narco Amado Carrillo, ‘El Señor de los Cielos’, y que sus empresas no tenían el bastón económico para sostener su excesivo tren de vida. En cuanto al caballo, intentó comprar un salto y le exigieron US$15.000 dólares, con el derecho a la reserva si la genotipificación de la yegua no cumplía los requisitos. Es decir, tenía que tener linaje. Así mismo, buscó el caballo pero nunca pudo volver a verlo. “Se tenía que tener permiso del dueño”. Agrega: “Pasé la información a mis superiores y estos la circularon a otro nivel. Sé que la DEA tenía indicios de ‘El Caballista’, pero con lo que había conseguido lo tuvieron en la mira. Esa afición enferma a los caballos terminó delatándolo”. Tras su captura, a Valencia le fue allanada su casa, y entre sus lujos excesivos, estaban sus caballos favoritos: ‘Patrimonio’ e ‘Insólito’. El militar solo fue curioso.

Muchos narcotraficantes colombianos han tenido fervor por los caballos de paso. Tener un caballo de paso poderoso y ganador es para un narco más que tener una mujer bonita, reina y de buena familia sentada en la casa. Tal vez el caballo que más despuntó en la época dorada del narcotráfico fue ‘Terremoto del 8’, que perteneció a Roberto Escobar, hermano de Pablo. Este animal dejó una estela de buena camada de caballos que aún sobreviven. Pero se hizo célebre cuando apareció amarrado a un árbol del barrio El Poblado de Medellín en 1993 luego de que fuera secuestrado por los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar, organización criminal paramilitar) y estos lo castraran. Años después sería clonado. ‘Tupac Amaru’ fue otro caballo insignia porque perteneció a Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’, socio de Escobar. ‘Tupac’ era elogiado porque trochaba hacía atrás de la misma forma que ejecutaba su paso hacía adelante y porque tenía un sobre precio: un millón dólares en 1988. ‘La Carrilera’ fue la yegua insignia del narcotráfico porque trochaba en un mismo lugar sin avanzar. Este animal, quien tuvo en su momento a Luis Fernando Marín, ‘Maravilla’, consumado adiestrador y montador, fue mimado por Juan Carlos Ramírez, ‘Chupeta’. Uno de los últimos grandes capos no se quedó atrás: Diego León Montoya, ‘Don Diego’, a través de su sobrino, Andrés Felipe Toro, ‘Pipe’ Montoya, tuvo a un caballo que el solo nombre lo hacía grande: ‘Cónsul de la Gran Dinastía’. Fue comprado en $1.500 millones y esa misma vez su nuevo dueño pagó por una oblea $700.000 luego de una subasta a beneficio.

‘Patrimonio’ no tenía precio. No al menos para ‘El Caballista’ que jamás lo puso en venta. Pero en el tema equino siempre hay un precio y siempre hay un comprador. Una vez se habló de que podía costar US$5 millones de dólares, pero lo real es que por él llegaron a ofrecer 2.000 millones de pesos. Es que tenía su mérito. Juan Pablo Gaviria, administrador del criadero en una entrevista al portal de la Asociación de Criadores de Caballo de Paso y Fomento Equino de Occidente (Asdeoccidente), manifestó que “este caballo ha dado excelentes crías, condición que lo hace valioso para quienes deseen mejorar sus especies. Es un caballo inimaginable, mejor reproductor de Paso Fino en el 2001, 2003, 2004 y 2005”. Esos triunfos multiplicaron la leyenda del animal. Se llegó a exigir a toda persona interesada en el semen de ‘Patrimonio’ un registro genealógico de la yegua que se iba inseminar, a fin de “preservar la raza del animal”. Algo que jamás se había hecho con otro reproductor. Curiosamente, la simiente de ‘Amadeus’, padre de ‘Patrimonio’, tenía un costo diez veces menor. “‘Patrimonio’ fue un caballo de moda”, explica un juez de Fedequinas. A pesar de este sello a principios del siglo, al animal físicamente no lo conocían. Era escaso que lo mostraran en exhibición, como alguna vez se hacían en ferias equinas del Valle del Cauca, donde mantenía. En YouTube, los videos son pocos de este animal.

Valencia recuerda –en la entrevista a la revista Fedequinas- que ‘Patrimonio’ “fue una bendición de Dios, tenía apenas siete meses y visualicé en él al futuro reproductor del criadero. Nunca me preocupó que se quedara pequeño ya que mi objetivo era usarlo como reproductor y no me interesaba las pistas. Trasmite color, brío, elasticidad en el tren posterior”, dijo Valencia, quien a esa fecha (2001), el animal tenía 600 hijos registrados. Según la Asociación Caldense de Caballistas, el caballo registra hoy 1.375 hijos, siendo el primer reproductor de paso fino en la actualidad. Lejos están sus hijos, ‘Tormento de la Virginia’ y ‘Tártaro del Encuentro’, que entre los dos suman 1.192 hijos, es decir, nietos de ‘Patrimonio’.

La mañana del 31 de enero de 2003, cuando salía de rendir una declaración libre dentro de una investigación por enriquecimiento ilícito, ‘El Caballista’ fue detenido por agentes de la Dirección Central de la Policía Judicial (Dijin) en un pasillo del edificio de la Fiscalía en Bogotá. “¿Es usted Joaquín Mario Valencia”, le preguntaron los agentes. “Sí, señor, soy yo”, contestó. Lo detuvieron. Valencia fue extraditado en el 2004 y acusado de conspiración, narcotráfico y lavado de activos. Luego de ser condenado por un juez de Tampa, Florida, Estados Unidos, a pagar una pena de 40 años de prisión, la DNE cedió a Asdeoccidente la administración del criadero La Luisa. Por esa época, DNE, manifestó que “con el ánimo de democratizar los servicios de los caballos, se dispondrá (sic) la venta a las diferentes asociaciones del semen o ‘pajilla’ de los reproductores”.

El gobierno no sólo ordenó confiscar el semen de los animales –entre ellos el de ‘Patrimonio’- sino que resolvió bajar el precio de las pajillas, a fin de que todos los caballistas accedieran al ejemplar. Eso, seguramente, fue un duro golpe para los aficionados que alguna vez pagaron una fortuna por el esperma de ‘Patrimonio’ que pasó de venderse en US$15.000 ($30 millones) a US$1.500 (casi $3 millones). El orgullo de Valencia tuvo que ser tocado porque durante décadas tejió todo para que el animal no terminara siendo uno más. En noviembre pasado, ‘El Caballista’ volvió a ser noticia cuando fue aislado y llevado a una enfermería luego de que llevara más de 10 días en huelga de hambre en el que exigía un nuevo juicio por encontrar irregularidades en su proceso. Esto sirvió para que se revisara su caso. El supuesto narco permanece en la prisión federal Hazelton, en Wets Virginia, Estados Unidos. Hoy, la simiente de ‘Patrimonio’, según la página web de Asdeoccidente, tiene un costo de $2’500.000, en el que ya no llega a tener ni dos compradores al mes, dice un parafrenero del criadero La Luisa. “Para mí es el caballo número uno en la reproducción del paso fino. Hoy, sus hijos y sus nietos son referencia en cualquier campeonato y a pesar de que no alcanzó la alzada, su fuerza, su andar, son asombrosos”, sostuvo en su momento Rocío Garzón, directora editorial de la revista Fedequinas. A la fecha ‘Patrimonio’ tiene tres hijos campeones del mundo: ‘Insólito de La Luisa’, campeón mundial en Cali 1997; la yegua ‘La Encuesta’, campeona reservada en el mundial de República Dominicana 2001, y ‘Tormento de La Virginia’, campeón mundial en Medellín 2003. El último, ‘Tártaro del Encuentro’, fue declarado Fuera de Concurso en el 2008. Y sus nietos ya suenan, como ‘Tormento de la Guajira’. A sus 25 años, ‘Patrimonio’ dejó de ser un referente no sólo porque sus hijos lo superan, sino porque, como lo dijo un juez equino, “ya no está de moda”. Y eso en los caballos es como una ley inalterable: ejemplar que esté sonando hay que apostarle. Y ‘Patrimonio’ ha dejado poco a poco de sonar, de ser un mito, como también lo hizo su dueño, sin lujos, desapercibido, tras la rejas.

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