ESPACIO PARA PUBLICIDAD 360
Opinión

Una democracia para los tiempos de hoy, redes sociales y paz

Casi siempre que contemplamos las vicisitudes de nuestro tiempo, o la actualidad, tendemos a perder de vista el cambio vertiginoso de las épocas, de las costumbres, de los hábitos y, paradójicamente, en el mismo instante, lo especial, lo particular, lo inigualable del ahora.

Y es que más de dos siglos de historia constitucional mundial infortunadamente no han logrado realizar ni persuadirnos de la posibilidad real de la convivencia fraterna que auguraba la Revolución Francesa. Todavía contemplamos, sin explicárnoslo, el dolor inenarrable de la crueldad de la guerra, entre perplejos e iracundos, y constatamos que en los asuntos humanos aún arde el odio y, en cambio, en los campos de concentración permanece el frío polar de millones de víctimas arrebatadas a la vida después de haber sufrido todas las crueldades.

Con todo, la humanidad ha avanzado, sin duda hemos avanzado, con dificultades y retornos, sí, algo hemos avanzado. Vivimos más tiempo, trabajamos menos horas, mueren menos niños y madres por enfermedades, nos educamos más, viajamos más, descansamos más, tenemos más aparatos electrónicos y electrodomésticos, poseemos más vehículos, más atuendos… pero, ¿somos más felices?…

Últimamente se han metido en nuestras vidas, con un poder avasallante, multitud de aparatos electrónicos que nos han puesto en comunicación, “en tiempo real”, con cientos y cientos de personas, lo que nos ha permitido vislumbrar una nueva época de interconectividad e intercomunicación con millones de seres en todo el mundo, de interacción política, social, cultural, religiosa, económica, de imprevisibles efectos. Los alzamientos y revueltas populares se han extendido, de la mano de la tecnología, por todas las latitudes, empujando cambios y derrocamientos, pero también produciendo inestabilidad y dificultades de gobernabilidad.

Las redes sociales aparecen hoy como un potente e inusitado vehículo de acción democrática, de intercambio polifónico, de opiniones, imágenes y conocimientos, sometiendo a durísima prueba, como nunca antes, a las sociedades, a los regímenes, a los partidos políticos y a las instituciones. No soy capaz de avizorar lo que vendrá, si la Democracia podrá consolidar nuevos espacios deliberativos o si los totalitarismos de siempre lograrán sofocar, una vez más, las primaveras de los pueblos. Lo que importa, por el momento, es que ha surgido una nueva esperanza, quizás un intersticio entre las placas tectónicas del Poder, que nos permiten transferir ideas y pensamientos, de un confín al otro, con un movimiento digital que dura fracciones de segundo, ligero como el aleteo de una mariposa, pero que pueda desatar una tormenta de arena en Siria o un  tifón en el Bangladesh.

Los jóvenes de hoy, que han nacido inmersos en las nuevas tecnologías y que las dominan con destreza, deben comprender, no obstante, que las ideas, en sí mismas, no son artilugios comparables a los brillantes adminículos que ellos manipulan tan diestramente. Las ideas necesitan ahora, no menos que antes, del espacio fecundo de la reflexión introspectiva, de la moderación y del reposo, no para quitarles el brío enérgico del entusiasmo, sino para darles la inteligencia de la moderación, del equilibrio y la Justicia, que anidan muchas veces únicamente en los ámbitos discretos de la soledad y del silencio.

¿Y de qué idea estoy hablando, o a cuál me refiero, en esta Colombia tan dolorida de hoy? En primer término, naturalmente, a la idea, o mejor, al propósito de la PAZ. Más de medio siglo de guerra ininterrumpida que ha lastimado profundamente, física y moralmente, a millones de colombianos no puede ser perpetua, no nos lo merecemos, ni se lo merecen las nuevas generaciones de colombianos que tienen pendiente la tarea de construir una Democracia próspera y pluralista, aquí y ahora, y como herencia para los que vendrán después, quienes requieren que les leguemos un país ecológicamente viable.

Ciertamente no es fácil hacer la PAZ, parece que estamos más preparados para la guerra y para la desconfianza, que se corresponderían mejor con la voracidad competitiva de nuestras entrañas y que nos brindan ventajas inmediatas, mezquinas y fugaces, sí, pero concretas, que son las únicas que quizá valoramos como auténticas. La PAZ parece ser una satisfacción de segundo, o de tercer grado, una entelequia, una necedad de ingenuos o testarudos, que se empeñan en elucubrar armonías inexistentes. Es posible que quienes así piensan tengan razón, pero no la tienen toda, porque los hombres, en todas partes, a todas horas, en todos los tiempos, siempre, siempre, han podido construir cooperativamente, mancomunadamente, obras maravillosas de arte, de arquitectura, de ingeniería, de ingenio, que nos han permitido enviar hacia el universo el mensaje de nuestra presencia, para que civilizaciones distantes lo reciban y descifren nuestra tendencia incontenible hacia la belleza y la esperanza.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Click para comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir a Top