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Crónica

Una amistad que perdura, pese a los 6725 kilómetros que la separa

A lo largo de nuestra vida tenemos compañeros, conocidos, vecinos, colegas, pero de todos ellos, a muy pocos los podemos considerar verdaderos amigos.

He conocido muchas personas, he tenido amigas que ya no lo son, unas que me son indiferentes al inicio y por cosas de la vida entablamos una relación increíble, compañeras de colegio, universidad, vecindario y gracias a eso aprendí a identificar con quién puedo contar.

Cuando estaba en 4° de primaria, me di cuenta que una de mis compañeras de salón llamada Manuela, era la hermana de Juana, la mejor amiga de mi hermana María Paula. Tomé la iniciativa y empezamos a hacer planes las cuatro; entonces pensaba que siempre íbamos a estar juntas.

Al pasar los años vivimos historias, compartimos actividades y gustos en común: Tanto así que también teníamos la misma raza de perro.

Mi hermana y yo nos sentíamos plenas de poder contar con personas tan especiales en nuestras vidas, eran niñas bien criadas, sinceras, alegres y muy buenas amigas.

Manuela y yo teníamos una excelente relación, a pesar de que no estábamos todo el día juntas, ella tenía su grupo de amigas en el salón y yo el mío, pero el cariño que nos teníamos era inigualable.

Los años iban pasando y nuestra amistad se fortalecía, igual que la de Juana y María Paula, las memorias que habíamos construido no tenían límite.

Mes y medio después de mi grado, en agosto de 2010, me fui de intercambio. Feliz por esta nueva experiencia, iba a conocer otras culturas, vivir como persona independiente y el reto más grande: defenderme con otro idioma.

El día anterior a mi partida mis mejores amigos se fueron a despedir, fue un día de risas, cuentos, pero mucha nostalgia ya que no nos veríamos por un año largo.

Cada que uno de mis amigos se iba me daba un abrazo, llorábamos y decíamos hasta pronto. Manuela estaba presente ese día, ¿cómo no iba a estarlo si ella era parte esencial de mi historia? Nuestro abrazo fue intenso y prometimos estar en contacto y vernos en un año.

Todo iba a la perfección en mi intercambio, estaba conociendo personas, lugares, viajaba, salía, estaba teniendo la mejor época de mi vida, en la cual hacía lo que quería, eso sí, guardando la compostura.

Fue en noviembre, lo recuerdo muy bien, en una de sus acostumbradas llamadas, mi mamá me anticipa que me tiene que contar algo muy triste para mí, pero prometedor para otras personas. 10425173_10153704577744256_5344248670009988622_n

Con la voz quebrada y llorosa me dice: “Manuela y Juanita se van a vivir a Canadá a finales de este mes”.

La noticia me impactó. Iba a tener a mis amigas cerca, pero solo mientras estaba de intercambio, y no estaba segura si las podría visitar. De inmediato colgué y le escribí a Manuela, le desee toda la suerte del mundo, porque yo era testigo que ella siempre había soñado con eso, y finalmente se le estaba cumpliendo.

Fue triste, ya que existía la incógnita de cuándo nos volveríamos a ver, pero preferí no ponerme trágica y tomarlo como lo que fue: un giro de suerte para amigas del alma.

Volví de mi intercambio, empecé la universidad y no había señal de que nos encontráramos las cuatro amigas. Pasaron los años hasta que en 2014 mi hermana se graduó del colegio y decidió hacer su intercambio en Vancouver- Canadá, donde vivían Manuela y Juana.

Me invadió la alegría ya que por lo menos mi hermana tendría el placer de verlas y disfrutar unos meses con ellas.

Llegó el anhelado día. María Paula estaba lista para partir hacia Canadá y después de 4 años se reuniría con ellas. Con ella iba una parte de mí, llevaba la alegría de estar con ellas de nuevo y crear nuevos momentos, historias, ahora en su nuevo estilo de vida, otro país, lejos de casa.

Ese día que mi hermana viajó fue eterno, no podía esperar el momento que ella arribara a Vancouver. Finalmente llegó y la llamada fue algo mágico, indescriptible con su tono de voz me transmitió toda la alegría que sentía al estar con mis amigas de nuevo, me sentía ahí, era una conexión muy fuerte.

Cada día que pasaba, mi hermana aumentaba en felicidad, me decía que toda actividad con ellas era increíble, la trataban como una hermana más, la hacían sentir en casa.

Siempre que María Paula me contaba al respecto, me motivaba más a visitarlas y me daba ‘envidia de la buena’ que estuvieran disfrutando tanto esos momentos. Mis papas, al ver mi reacción cada vez que hablaba con ella, decidieron regalarme el viaje y que pudiéramos estar las cuatro juntas de nuevo. 11102605_10153704583169256_6739903486316030662_n

Motivada, feliz de lo que se venía, hice todos los papeleos necesarios para obtener la visa, la cual me dieron muy fácil. Teniéndola en mis manos, compré el pasaje y todo quedó listo para irme.

Mi viaje fue exactamente el 14 de noviembre de 2014. Todavía recuerdo ese día como si fuera ayer, estaba emocionada. La noche anterior había seguido de largo ya que no podía creer tanta dicha.

Llegue al aeropuerto muy temprano y mi primera escala fue Panamá. En ese país esperé unas dos horas hasta que el avión cogió rumbo a Texas.

Una vez allí esperé alrededor de 4 horas. Se me hicieron eternas, me sentía más en Vancouver que en cualquier otra parte.

Finalmente, llegó el momento de abordar el avión que me llevaría a mi destino final. Aterrizamos, pasé por migración, recogí mis maletas y salí, ahí me estaba esperando mi hermana, Juanita y Claudia, una brasileña compañera de apartamento.

La pequeña Juana que había dejado en 2010 ya estaba convertida en toda una mujer. Fue bastante emotiva la manera de saludarnos.

La reacción de mi amiga fue como cuando un bebé está embobado con algo, no podía creer que yo estuviera ahí, después de cuatro años, y todo lo que había cambiado; yo estaba plena, feliz, me parecía increíble estar viviéndolo.

Apenas llegué al apartamento solo había alcanzado a abrir mis maletas cuando llegó Manu. Nos abrazamos como nunca, la felicidad me invadió, estábamos las cuatro juntas de nuevo y teníamos mes y medio para recuperar el tiempo perdido y acumular recuerdos para nuestro próximo encuentro.

Viví al máximo esos días, a pesar de que ellas tenían su vida, sus trabajos y no podían faltar a estos. Ellas cuadraron todo para poder pasar el mayor tiempo posible con nosotras, nos brindaron su hogar como nuestro, todas las comodidades posibles.

A pesar de estar separadas por tanto tiempo, nuestra relación seguía intacta, yo podía hablar con ellas como si jamás nos hubiéramos separado.

El día de la despedida, fue triste. Lágrimas, memorias guardadas, pero con todo el entusiasmo para la próxima vez.

Pasé el tiempo más agradable del mundo, fortaleciendo la amistad con personas increíbles que llegan a nuestra vida para nunca irse.

Seguimos a la espera de nuestro próximo encuentro el cual espero que sea más pronto de lo que tardó volvernos a encontrar.

En la actualidad, conservamos esa linda amistad, aunque no podamos hablar a diario, pero el cariño que nos tenemos no se puede igualar.

Después de ese viaje nos sentimos más cercanas, no fue mucho tiempo el que estuvimos juntas, pero fue intenso.

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