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Crónica

Salsa al Parque: ni mejor, ni peor, distinto

“Y ahora escucharemos una canción del señor Ernesto Antonio Puente, ‘el rey del timbal’ mejor conocido como Tito Puente”. Fue lo primero que escuché de la persona que estaba parada frente al micrófono y por ende, dentro del tradicional Club San Fernando. Pero, ¿por qué el locutor hablaba de Tito Puente? ¿Acaso había un concierto en aquel club? Y lo más importante, ¿qué hacía yo en ese sector un sábado de mayo a las 9:30 de la noche? Esta última pregunta iba a ser contestada en el transcurso de la noche, noche sin fortuna ni mucho agrado.

‘Salsa al Parque’ es un evento fundado hace más de cuatro años. Empezó en parques  tradicionales de barrios caleños tales como ‘El Poblado’, ‘El Diamante’ y ‘7 de Agosto’, entre otros, y que posteriormente fue trasladado al Parque de los Estudiantes o ‘ Parque de Jovita’.

Este evento reúne mes tras mes, alrededor de una tarima, a grandes salsómanos y amantes del género; personas que buscan disfrutar de manera gratuita y durante una noche, de esas canciones o artistas más representativos de la Salsa.

El consumo de alucinógenos, por parte de personas del público y ajenas al evento, y la gran acogida del público caleño en el parque dieron las razones para que los organizadores del espectáculo tuvieron en cuenta para “mudar la salsa” a un espacio más grande y controlado de la ciudad, en este caso el Club San Fernando. El pasado sábado, tuvo la primera audición en aquel espacioso lugar.

Me bajé en la estación del MIO ‘Estadio’. Sí, andaba en MIO ya que preveía que no encontraría estacionamiento de manera sencilla y efectivamente tenía razón. Antes de girar en la esquina, caminando sobre la tradicional Calle Quinta que menciona el Grupo Niche en alguna canción, observé decenas de motos parqueadas a lado y lado del andén, dejando poco espacio para los peatones (bueno, por lo menos al amigo del trapito rojo le fue bien). Lentamente y sin afán, me fui acercando a la entrada del sitio, pero ¡Oh sorpresa! (no, no me estoy refiriendo a La Van Van), había fila de lado y lado del portón, una para hombres, otra para mujeres y al final de cada una de ellas estaban situadas cuatro personas de seguridad privada los cuales se encargaban de hacer una rápida y superficial requisa a los partícipes del evento.

“Si usted es de los que sacó su novia a pasear, ‘dele chuzo’ que eso la enamora más. Chuzos a 2 mil pesos, a 2 mil pesos”, fue el comentario de un vendedor ambulante que me hizo reír y recordar una vez más que el caleño tiene chispa, tiene magia, incluso para el rebusque.

Ya dentro del sitio procedí, acompañado de mi pareja, a encontrar la mejor ubicación para deleitarnos los oídos con la famosa melodía que programan los organizadores de “Salsa al parque” y en este punto no me equivoqué, de los múltiples parlantes que estaban ubicados en ambos costados de la tarima salían notas musicales fantásticas, trompetas, timbales y un piano exquisito que seguramente lograrían hacer ‘mover el esqueleto’ hasta al rolo más nato. Y es que para nadie es un secreto, en lugares salseros como La Topa Tolondra o El rincón de Don Heberth es cada vez es más popular ver grupos de extranjeros bailando o bueno, intentando hacerlo.

Antes de llegar al frente de la tarima, nos desviamos hacia los baños, sí, leyó bien, ahora en las audiciones existen algunos baños para uso gratuito, muy aseados por cierto y usted, al salir decide si colabora voluntariamente con alguna moneda. Punto a favor del evento ya que en Jovita, si usted necesitaba hacer uso de un baño, lo más fácil era comprar una cerveza en alguna tienda o estanco aledaño y pedir permiso para ingresar al servicio.

Ya saliendo de los baños nos encaminamos frente a la tarima y nos encontramos con la segunda sorpresa de la noche; había alquiler de sillas. ¡Genial! Pensé; ahora usted se puede sentar cuando esté agotado y recargar energías para otra ronda de ‘guaguancó’. Pagamos 2 mil pesos por el alquiler de cada silla, usted juzgará si es costoso o no, y nuevamente nos dirigimos a disfrutar el espectáculo.

Nos sentamos lo más cerca que pudimos de la tarima y empezamos a escuchar una canción del compositor y pianista Larry Harlow, mientras a nuestro alrededor se oían los más de diez cencerros descoordinados y muecas de goce en el rostro de sus intérpretes. Pero no todo era malo, a mi izquierda un caballero de edad avanzada, interpretaba con gran técnica y deleite un instrumento que muchos salseros han dejado en el olvido: las claves.

Tengo que admitirlo, aunque el espacio era mucho más grande que el anterior, no gocé igual en el Club que en ‘Jovita’, no sé si por las luces de la tarima, las carpas que vendían cerveza (un poco más costosa de lo normal) y que antes no se veían, o simplemente por el esparcimiento de la gente: grupos de 6 u 8 personas en los cuales no faltaba una campana y alguien con unos Converse blancos (a mí también me gustan, tranquilos).

Pasados los minutos, tuve la fortuna de toparme con un amigo de la universidad, el cual concluyó lo mismo que yo pensaba y que tal vez me cataloguen como pesimista pero Salsa al Parque está cruzando fronteras. Sin quitarle el mérito a los organizadores que hacen un excelente y constante trabajo, el evento empezó con un enfoque público, algo para el disfrute popular de los que tenemos gran empatía con el género y con la audición de ayer se evidencia que poco a poco se convierte en un evento privado; como pensé en cierto momento: algo organizadamente desaparecido.

Nosotros continuábamos ahí, esperando qué seguía. El locutor que estaba de pie frente al micrófono anunció la presentación inmediata de la Orquesta Clandeskina y el público presente se desbordó en entusiasmo. Por nuestra parte, escuchamos tres o cuatro canciones y procedimos a marcharnos.

Fuimos a devolver las sillas dos horas después de haber llegado al sitio, les comparto algo, no se sentía ese calorcito humano que caracteriza cada audición anterior acompañada de alegría y ritmo.

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