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Opinión

Postmodernidad e Identidades Virtuales: vidas que no son pero que realmente son

“En la postmodernidad la virtualidad  es una opción

ilusoria para cubrir la falta en ser.

Da cuenta del deseo de completud”.

Alejandra Piza

¿Cómo se puede entender el auge del sexo virtual? La realidad virtual es una ficción que estructura la realidad de los individuos hoy. Ofrece las coordenadas y los escenarios en los que las personas interactúan con objetivos laborales, económicos, familiares o simplemente con propósitos hedonistas y primordialmente permite desprenderse de lo que se es y fingir ser otro para poder ser. Respecto a este último objetivo, un buen número de sujetos crean identidades secretas y generan relaciones clandestinas, tratando con ello de vivir una sexualidad plena que la realidad efectiva  por elección les ha denegado. La virtualidad les permite a los individuos hacer realidad todo aquello que no es posible en su vida cotidiana, es una realización de deseo contenida en la ilusión. Es una narración narcisista donde el eje es cada uno de sus yoes. Una salida ofertada por la sociedad a la insatisfacción, una opción que le permite al sujeto lidiar con la represión y por ende con la insatisfacción.

La virtualidad va de la mano del presente, mediante la cual el individuo logra su completud de manera ilusoria, el casado, el comprometido, el profesional, el trabajador, el ciudadano de a pie logra satisfacer sus necesidades sexuales de modo paliativo aquí y ahora. La virtualidad es un presente posible mediante palabras e imágenes. Los amantes virtuales crean un mundo basado en su fantasía, un mundo que ninguno toma en serio más allá del momento en que se da el encuentro y lo separan tajantemente de la realidad.

El sexo virtual es un juego en el cual cada uno de los jugadores es “un héroe” para el otro y cada uno pretende generar asombro en el otro. Ficción egocéntrica compartida. Lo paradójico del sexo virtual es implicar una satisfacción sexual y a la vez una pasión conmensurable que, los amantes saben no  va a durar, aceptan, desde un principio, la inminente derrota de sus yoes, al cerrar sesión o bloquear todo termina.

Los objetos y situaciones imaginadas, las apuntalan en situaciones reales (aunque son distorsionadas en pro del narcisismo y con base en cada historia). Cada uno de los amantes es a la vez un actor y un espectador de la escenificación del otro. Es un juego compartido que debe permanecer secreto y ser “altamente creativo”. Hay recreación de una realidad placentera de modo voluntario y consensuado entre los amantes virtuales.

El sexo virtual es una narración en la que los participantes se imaginan a sí mismos realizando todo aquello que su realidad les ha negado e imaginándolo del lado del otro. Son sujetos atrapados en la compulsión de repetición unida al principio del placer. Pues cada noche/día en los encuentros virtuales escenifican acciones que responden a la satisfacción de un deseo y por ende a una frustración. Pues aunque hay placer en cada encuentro, éste jamás será igual al placer alguna vez vivido y al cual no se quiere renunciar. Para que el juego tenga alguna continuidad, cada encuentro exige variedad, novedad.

Fotografías con poses y partes del cuerpo íntimo, palabras obscenas (el llamado lenguaje sucio), descripciones o escenas eróticas se erigen como un universo de  anclajes que dan placer, que forman parte de las demandas y puestas en actos de los jugadores, lo íntimo se muestra y con él se intenta hacer sentir al otro.

El riesgo es cuando la creatividad en los encuentros virtuales empieza a escasear y la monotonía aparece con un desenlace devastador. Los amantes virtuales demandan diversidad y por ende uno de los amantes o los dos deciden acabar con los encuentros. El sexo virtual es un orden preestablecido, aunque algunos crean ser muy originales en cada encuentro, también puede derivar en la monotonía y en la exigencia de fingir estados. Aunque el sexo virtual es una representación, esta es efímera solo da placer momentáneo a diferencia de la representación propia del arte. El sexo virtual es una acción que se agota en el momento y sólo conlleva una descarga, mientras que la representación en el arte permanece y posibilita movilizar aspectos del ser.

Hombres y mujeres acceden a los juegos virtuales sexuales mediante los cuales se expresan y son expresados. Hay un sistema psíquico cerrado con base en fines eróticos. Los amantes no se avergüenzan solo logran una dosis de placer. El sexo virtual tiene una función social, pues le facilita a hombres y mujeres poder vivir frustrados con satisfacciones sustitutivas necesarias para funcionar de modo adecuado en el contexto social. El sexo virtual es una rectificación de la realidad insatisfactoria con la producción de sí mismos a voluntad. El sexo virtual es propio del insatisfecho, obviamente no implica incertidumbres ni sentimientos, sólo escenas placenteras y efímeras.

El sexo virtual es propio de la postmodernidad, se alimenta de los valores como el narcisismo, el individualismo, el hedonismo y el no compromiso, es una vía articulada a la ilusión de la completud.

 

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