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Cali

Olga Behar, enamorada de la verdad, el periodismo y la docencia

Olga Behar, periodista, politóloga, escritora y docente, ganadora de premios como el Simón Bolívar, Anif y CPB , caracterizada por ir siempre en búsqueda de la verdad, habló sobre los inicios de su carrera, los hechos más significativos en su vida  y  que la han convertido en la persona que hoy es.

¿Por qué decidió estudiar comunicación social?

Olga Behar: Fue una casualidad, no lo tenía en mi proyecto de vida. Desde que estaba en 9° de bachillerato tenía la intención de estudiar cine, probablemente para hacer guiones cinematográficos o  participar en películas. Conseguí la posibilidad de irme a estudiar a Canadá y eran unas épocas en las que los muchachos no podían irse así no más, los papas los tenían como en una burbuja, éran los años 70, entonces el mío intentó disuadirme y lo único efectivo fue mandarme un año en intercambio a aprender inglés, durante ese año se creó una facultad de comunicación social en Bogotá en la universidad Jorge Tadeo lozano y cuando regresé estaba matriculada. Uno en esa época era incapaz de decirles a los padres que no, no como hoy en día que ellos tienen que pedirles permiso a los hijos para todo, entonces eran los que mandaban y si papi dijo que  había que estudiar comunicación pues bueno, de todas maneras me gustaba; yo escribía, me gustaba la radio, el deporte, las transmisiones, o sea, la empecé a estudiar con la idea de hacer una especialización en cine y la vida me fue llevando por otro camino.

En primer semestre, en Radio Continental Óscar Restrepo Pérez la contrata como traductora en un mundial de basquetbol femenino. ¿Qué cree vio él, sin usted tener experiencia?

O.B: No soy tan egocéntrica como para pensar que vio en mí el gran talento, necesitaban una persona que hablara idiomas y le gustará el deporte, no una bruta que fuera a preguntarle cualquier estupidez  a una basquetbolista, que por lo menos supiera algo de deporte. De pronto en la vida no hay casualidades sino que el destino lo va llevando a uno por determinadas rutas.

¿Qué le dejó en lo personal y en lo profesional  trabajar  con Restrepo y  con Jorge Enrique Pulido?

O.B: Óscar hasta el sol de hoy es uno de mis mejores amigos, fue mi primer mentor y a pesar de que un año después ya no trabajaba con él porque empecé en el noticiero, siempre estuvo muy pendiente de mi carrera y cada vez que había algún evento deportivo grande él me pedía prestada, recuerdo que por ese tiempo fueron los juegos Centroamericanos y del Caribe en Medellín y habló con Pulido y le dijo: “ella tiene que ir, tiene que cubrir ese evento para nosotros”. Otro momento interesante fue cuando llegó el campeón mundial Muhammad Ali a Colombia y de inmediato -porque hablaba inglés- en Todelar consideraron que yo tenía que ser la persona que estuviera en esa transmisión.

De Jorge Enrique Pulido, creo que me enseñó muchas cosas, lo dura que es esta carrera, lo difícil y desagradecida, usted hace maravillas con la mano y después con el codo puede en un instante borrarlas.  Pienso en personas como Vicky Dávila  que cometió un error y supongo que ella por su calidad y por su compromiso con este país saldrá adelante, pero fíjense como una persona comete un error y se borra todo lo anterior que ella pudo haber hecho, eso me lo enseñó Pulido, que el periodismo es día a día y que cada día hay que conquistar algo nuevo y si usted no lo conquista se queda. Me enseñó también lo importante que es para un periodista saber madrugar y saber manejar su tiempo.

Ha recibido premios como el Simón Bolívar en 1980, Anif 10 años en 1984 y CPB (Círculo de Periodistas de Bogotá.) a la ‘Obra bibliográfica de un periodista’ por su libro ’El clan de los Doce Apóstoles‘ ¿Cuál ha sido el más significativo?

O.B: Creo que los premios, los libros, los éxitos profesionales o los trabajos reconfortantes, que no siempre son exitosos, son como los hijos y yo tengo dos para mi gran fortuna. Cada uno de ellos llegó en un momento importante de mi vida y cada uno ha aportado cosas inmensas a mi vida. Así son los libros, así son los trabajos periodísticos y así son los premios.  El premio Simón Bolívar marcó mi vida, porque quién se iba a imaginar que alguien a los 24 años se lo ganara, en una época que no daban 20 premios o más que dan hoy sino que en eran 4. El premio Anif también representó algo muy importante, era la primera vez que se otorgaba y lo gané no tocando un problema colombiano, que los había muchos, sino porque estuve en el año 83 cubriendo los 10 años del golpe militar de Augusto Pinochet, y logré entrevistar a la viuda de Pablo Neruda, entrar a la isla negra, a su casa, conocer sus colecciones, sentarme en la banca donde él se inspiraba para crear sus poemas mirando al mar, fue algo que también me cambio la vida, el trabajo, no el premio porque siempre lo que lo marca a uno es el trabajo.

Además de la pasión por la verdad también la siente por la escritura,  su primer libro ’Las guerras de la paz‘ fue un éxito, ¿qué le representó?

O.B: El inicio de mi carrera como escritora, siento que el hecho de haber escrito un libro que cerrara círculos que quedaban abiertos debido a la censura, a la autocensura o a problemas de orden público; me abrió el camino de continuar luchando por la búsqueda de la verdad, pero por otros métodos que no eran los más habituales en los medios de comunicación.

A usted le hacen un allanamiento donde le decomisaron sus libros y fotografías, ¿a qué o a quién le atribuye este hecho?

O.B: Venía una situación desde 1979, en la que yo estaba denunciando violaciones de los derechos humanos por parte de los militares. Bajo las órdenes del ministro de Defensa Miguel Vega Uribe los militares tenían la intención de capturarme, no se sabe con qué fin,  pero termino en un allanamiento porque no me encontraba en mi casa.

Después de una advertencia que le hace el entonces presidente Belisario Betancur, decide irse a México, ¿a qué se dedicó durante este tiempo? 

O.B: Fue una época muy próspera para mí, en primer lugar tenía un compromiso con Cine Colombia, estábamos produciendo un serie sobre la historia de Colombia, producto de mi tesis de posgrado y me habían contratado como guionista,  por el beneplácito de Mauricio Gómez y Yamid Amat logré cubrir el mundial de fútbol, luego me encarrile mucho como directora de la corresponsalía de una agencia de prensa colombiana que se llamaba Serviprensa, hacíamos artículos para medios mexicanos, de prensa, radio y televisión, sobre realidades de Colombia y poco a poco  se fue extendiendo a realidades suramericanas. Ese fue mi trabajo hasta los años 90 cuando regresé.

Para escribir su libro ‘Noches de humo’ vivió un mes con una exguerrillera llamada Clara Helena Enciso, pero se separaron con el fin de no arriesgar la vida de ella, ¿ha vuelto a  saber algo de ella? ¿ha tenido algún contacto desde entonces?

O.B: Nunca la volví a ver porque realmente me parecía que su vida podía correr peligro si yo conocía su paradero y estaba en lo cierto porque después de publicado el libro la sorpresa más tenaz fue porque militares, gobierno y opinión pública se enteraron de que una guerrillera había salido viva. Varias autoridades me citaron, comparecí en todas las ocasiones que me pidieron al consulado de Colombia en México y siempre había un cuestionario de 10 o 15 preguntas y por allá en la 4 o 5 empezaban a nombrar a Clara Helena, que como la conseguí, que como trabajé con ella, que si sabía dónde se encontraba, gracias a Dios nunca tuve que mentirle a nadie, porque de haber sabido donde se encontraba hubiera tenido dos opciones: una, mentir, que no me gusta, y la otra, invocar el articulo número 11 de la Ley de Prensa que facultaba al periodista a ocultar la información confidencial sobre su fuente. Luego supe, por una  exintegrante del M-19, que ella había muerto de cáncer en 2001 en México.

Estando de nuevo  en Colombia, la publicación de ‘El clan de los doce apóstoles‘ la llevó a enviar a sus hijos fuera del país, una citación de la Fiscalía y quizás arriesgar su propia vida. ¿Valió la pena?

O.B: Siempre vale la pena ser un buen periodista, si no hubiera tenido las agallas de publicar ese libro, si no hubiera tenido el valor pues me hubiera tenido que retirar de la profesión y de la docencia; además, porque cómo les enseño a los estudiantes algo que no soy capaz de hacer por cobarde.

¿Qué la motivo para  escribir su libro  ’El clan de los doce apóstoles’?

O.B: Conocer la verdad, yo entendía que para los colombianos era importante saberla, también para las víctimas que murieron por el accionar de ese grupo paramilitar.

En estos últimos tiempos están saliendo a flote muchos delitos que realizaron ’Los doce apóstoles‘. ¿Cree que aún faltan más por revelar?

O.B: Nunca hay una verdad completa, finalmente es la suma de muchas verdades. Creo que se han hecho avances muy importantes, que quienes hemos trabajado el tema desde distintos escenarios lo hemos hecho con integridad, con honestidad, pienso en la Fiscalía, pienso en los jueces, que pese a un pasado turbio tanto en la Fiscalía como en la justicia, de negación y de ocultamiento de todos estos hechos, finalmente decidió reabrir el proceso a partir de las confesiones del mayor Meneses y realmente han hecho una investigación muy poderosa.

¿Qué sintió al saber que Santiago Uribe había sido capturado por los delitos que usted mencionó en el  libro ’El clan de los doce apóstoles’?

O.B: Por un lado una infinita tristeza, me parece tan triste que una persona ‘de bien’, hermano de alguien que fue presidente de la República, presumiblemente haya cometido semejantes delitos, eso cómo me va a producir a mi alegría, ni siquiera me produce satisfacción, ese día lloré, no de felicidad sino de tristeza, pensando en las victimas, pensando en cada uno de ellos. Por otro lado, me deja la sensación del deber cumplido, después de publicado el libro hasta Santiago Uribe me denunció penalmente, pero finalmente uno dice: bueno, creo que no me equivoque, no es satisfactorio, pero es importante en mi vida profesional.

A pesar de las amenazas porque ha tocado temas fuertes y ha involucrado a personajes con poder, señalados de cometer diversos crímenes, aún sigue con vida. ¿Cual cree que es la razón por la que ha salido bien librada?

O.B: Lo único a lo que se lo adjudico es que Dios existe y que me cuida no tengo otra explicación, desde que mi padre murió tengo un angelito en el cielo que vela por mí. Finalmente, creo que hay una energía superior que me dice que siga por ese camino, que no voy a morir en eso.

Varias veces ha mencionado que el miedo es inherente al ser humano, ¿cómo lo supera?

O.B: No me da ni cinco de miedo la vida cotidiana, no salgo a la calle mirando de un lado para el otro, tomo medidas que corresponden a un esquema de seguridad que no son espontáneas, pero no vivo mortificada pensando que me van a matar. Cuando uno siente miedo, cuando hay situaciones complejas, por ejemplo, cuando tuve frente a mí a Santiago Uribe, me dio mucho miedo, me aterró ver esos ojos con esa mirada tan terrible que tiene él, eso sí da miedo, esa noche no pude dormir, cerraba los ojos y veía los de ese ‘man’, me causaba tanto pánico que tenía que despertarme.

¿Qué le significó la oportunidad de entrevistar a Yaser Arafat?

O.B: Fue un desafío enorme y me puse en una situación de reto gigante por mi condición de judía, sentarse frente a una persona que ha cometido tantos crímenes contra su pueblo, fue como sentarme frente a Garavito, que mató y violó a muchísimos niños. Siempre hay un desafío cuando uno realiza ese tipo de trabajos, se tiene dos posibilidades, una, desprenderse de su papel de periodista y visceralmente convertirse en ese ser humano que algunas viejitas sobrevivientes del holocausto quisieran, ¿usted por qué no lo mató si lo tuvo ahí enfrente? y la otra es saber cuál es el papel que se debe cumplir, uno también tiene herramientas para confrontar a ese personaje y esas herramientas provienen del periodismo mismo.

En este país quien dice la verdad corre múltiples riesgos, entre ellos perder la vida. ¿Por qué cree que los periodistas deben correrlos?

O.B: Ninguna noticia vale la pena si se juega uno la vida. Creo que los periodistas somos actores, víctimas y victimarios del conflicto, cada uno en su papel. Sabemos que  no vivimos en Dinamarca sino en Cundinamarca, entonces es nuestro riesgo y es nuestra misión, nos toca jugarnos la vida, así como se la juega el obrero, así como se juega la vida el soldado, el guerrillero, somos parte de esta sociedad, lo veo como gajes del oficio que no debieran ser, nadie debería estar en riesgo en una democracia.

¿Por qué  escogió el camino de la docencia?

O.B: En 1992 fui docente en la facultad de Comunicación en la Universidad Externado, ahí trabajé dos años y me enamoré de la docencia, sobre todo me enamore de los jóvenes, me fascina estar con ellos, conocer sus vidas, ver cómo son las nuevas generaciones y muy lindo poder contribuir a encaminarla. Por otro lado, creo que después de varios años en el oficio uno construye un modelo del buen hacer en el ejercicio del periodismo y por qué  no enseñar esas experiencias a las nuevas generaciones, para acortar caminos y para que puedan llegar más rápido a ese buen ejercicio profesional.

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