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Informe Especial

Museo de la Salsa: la casa del coleccionista

La salsa nace en el Obrero. Lo dicen sus canciones, sus cantantes. En ese barrio de casas bajitas, el movimiento musical se hace historia. Allí está el Museo de la Salsa, allí, también, está Carlos Alfredo Molina, ese coleccionista que cuenta lo que es esto de bailar y cantar en puras fotografías.

Molina es coleccionista y sabe de rumba. Hace más de una década vive en una casa de tres pisos, y en la parte inferior, como si fuera todo un acto de devoción, sus cuadros cuelgan sobre la paredes, mesas y asientos. Y sobre el piso de ajedrez hacen ver este lugar un templo salsero. El de la música.

Adornado con congas, timbales y micrófono para entonar alguna canción por los melómanos y coleccionistas que logran cautivar a los visitantes y residentes, Molina se divierte. En sus retratos cuenta cómo la salsa se convierte en toda un acto de tributo, dejando de ser un lugar de rumba comercial, se convierte en lo más tradicional y añejo de la salsa.

Comenzó a coleccionar en los años sesenta, siendo este un movimiento social, donde la salsa se convirtió en una forma de vida. La historia de la rumba en Cali se evidencia aquí. Las imágenes a color, en blanco y negro lo dicen, y eso es mucho.

La afición de Molina empezó cuando se ponía su cámara sobre su cuello para así registrar las vivencias, y acontecimientos salseros. Él visitaba los lugares que frecuentaban los artistas para capturar tan solo un momento, el cual le daría sentido a la historia salsera con el trascender de los tiempos.

En este templo de la salsa, hay 40.000 mil fotos impresas, pero actualmente en el museo solo hay 900 en exhibición de artistas como Pete ‘El Conde’ Rodríguez, Héctor Lavoe,  Joe Quijano, Rolando Laserie, Caíto, ‘Piper’ Pimienta, La india del Oriente, Rubén Blades, Pablo Lebrón, Gilberto Santa Rosa, El Gran Combo de Puerto Rico, y Richie Ray & Bobby Cruz son los artistas que han posado para la cámara del coleccionista.

De igual forma, este artista de la imagen es considerado como el fotógrafo mundial de la salsa porque a través de sus fotografías ha logrado un reconocimiento en el extranjero por parte de los artistas que visitan su museo constantemente.

Para exhibirla, ésta colección se necesitarían un estadio entero para mostrar 300.000 mil en negativo, sin repetir, ni exagerar, desde la historia de la Feria de Cali, de las rumbas de los setenta y ochenta que se refleja por ese tiempo.

Con el trascender de los años, Carlos hijo ha visto durante toda su vida cómo su papá convirtió la salsa en una única forma de vida, con el bongo, el piano y hasta el trombón sonidos que llevaron a que el aprendiera de salsa como ninguno.

Con tan solo 37 años, Carlos ha aprendido a reconocer los clásicos de la salsa. Él dice que “es que a mí me tocó ser salsero, en mis tiempos estaba de moda Juan Luis Guerra y entona: “‘Ojalá que llueva café”, y mi papá me decía apague que aquí no se escucha nada de eso”.

Pero, con todo esto, Carlos hijo dice que está muy agradecido que su padre no lo hubiese dejado escuchar nada más, alrededor de 10 años anduvo con su padre en restaurantes, grilles y hoteles acompañándolo a cada evento.

El Obrero es salsa

“Si los caleños supieran que la verdadera salsa es del barrio obrero y no está en las discotecas entendería todo esto. Aquí, mire, se siente la esencia salsera. Aquí, en el Museo te devuelves 50 años atrás”, dice el joven.

Por su parte, Alejandra Navia, coleccionista independiente dice que “el museo de la salsa significa arte y cultura, una experiencia que se le brinda a nuestra gente donde además hay muchos años en cada uno de sus rincones. Significa pasión y amor por algo que se llama salsa y se desprende de la vida del viejo Carlos Molina cada vez que fotografiaba a los diferentes artistas”.

La coleccionista recuerda que cómo los caleños deben visualizar este tipo de prácticas. “Creo que los caleños debemos valorar todos estos espacios porque no sé si a nivel mundial exista, pero si sé que a nivel nacional es el único Museo donde vas a encontrar desde la entrada espacios propicios con fotografías reales y vividas”, asegura.

Navia dice que “este lugar es agradable para compartir y vivenciar todo ese espíritu salsero que cada uno tiene, todo eso que desprende desde nuestra sangre en el museo de la salsa lo podemos vivir”.

Por otro lado, Mauricio Novoa, asesor en la Secretaría de Turismo en Cali, expresó lo siguiente: “El motivo de las visitas de los extranjeros a nuestra ciudad es la salsa, para aprender a bailar”. Añade que “en Cali, el total de sitios salseros son el 70% que ponen, esencialmente, este género musical”.

El asesor de Turismo explicaba que la única forma en que los caleños preserven la identidad salsera es “conociendo su historia y los motivos que lleva a la sociedad caleña a adoptar la salsa en sus costumbres, en el día a día, y que los caleños se apropien de ese orgullo”.

Entre tanto, Jesús Alberto Manzano, con 35 años de tradición salsera, cuenta que el Museo de la Salsa  para Cali “es el sitio donde se encuentran 50 años de historia en lo que tiene que ver con la vida nocturna de Cali, pero también en lo que tiene que ver las ferias en diciembre  y los eventos artísticos”.

Manzano trabaja en la emisora virtual melomanoscali.com y cuenta que los caleños deberían ver estos espacios culturales como “una cultura de lo que es la salsa en Cali, que es algo muy particular. Hace pocos años se ha venido copiando hasta la forma de bailar y estas prácticas se han perdido mucho, pero estamos trabajando en involucrar esa forma del ser caleño”.

Un estilo de vida

La salsa en Cali es un estilo de vida, desde la forma de vestir y bailar, hasta en la de hablar. “Los coleccionistas de la ciudad llevan consigo esta tradición para conservación de saberes salseros”, recuerda.

Uno de los empresarios es Marlon Son, es también su seudónimo. Dice que la salsa aún es el género que lidera la rumba en Cali. “La salsa clásica es el grupo de mayor concentración en un lugar, es decir, de un 90 a 95 % es lo que más suena es la salsa tradicional”.

A su vez, Son comentaba que “la salsa siempre va ser una salsa de alto nivel y en todo lado, si bien es cierto hay fusiones, pero ahora en estos momentos hay de 5 a 10 orquestas que trabajan en la salsa tradicional, que es moderna pero, sigue siendo el ritmo tradicional”.

El empresario afirmó que “la salsa está en evolución, pero no en desaparición; la salsa es un movimiento social en un cien por ciento”.

Y por último, Navia concluyó en que “la salsa más que un movimiento, es una pasión que enlaza a muchos caleños, que colectivamente buscan apasionar a otros por este hermoso género que viene a la ciudad, yo pienso que Cali nació salsera más no se hizo”.

Ella enfatizó que “la salsa hace mover a la sociedad pero no por modas si no historia, arte y cultura, es como un regalo que Cali nos da para disfrutarla y valorarla”.

Para Carlos Molina, este proceso de tener el Museo de la Salsa es uno de los más honorables, porque a través de este lugar han pasado entre 200 y 300 artistas y directivos por el museo.

Ahí, en ese lugar, se le hace un templo a todos los artistas, Carlos comenta  que los visitantes dicen: “Este lugar es fantástico nunca he visto uno así y se quedan aterrados”.

Esta es una de las motivaciones, además que, para muchas personas, es considerado un patrimonio cultural, aunque no ha sido notificado por la Alcaldía de Cali, pero la idea es que este proyecto del museo sea conocido a nivel mundial y se sostenga mediante diferentes prácticas.

Algunas de las acciones que se desempeñan a través del museo, es la Fundación Alma Solidaria, en la que se beneficia por cada una de las actividades del Museo 39 familias que dependen del lugar más salsero.

El objetivo de Alma Solidaria es realizar otras actividades y prácticas que sean de aprendizaje y auto sostenimiento, cultura y saberes sociales.

Molina manifiesta que “falta apoyo del gobierno local, si ellos entendieran de que la salsa puede entrar mucho dinero por medio del turismo a la ciudad, ellos estarían parados mejor frente al mundo”.

El joven Carlos dice que “algunas emisoras dañaron la salsa en Cali, porque dejaron entrar otros ritmos, pero a pesar de todo la salsa sigue siendo el rey sobre los otros géneros”. Y tiene razón.

 

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