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Cali

Monseñor Isaías Duarte Cancino, 14 años sin el ‘Apóstol de la Paz’

Era de los que nada le quedaba grande, era el servidor en la verdad y el amor. Tenía la paz como consigna y se lo decía a todo el mundo. Su carisma se reflejaba en su doctrina y sermón. Poseía esa rareza de los grandes hombres que cuando habla, lo escuchan y le siguen. Su nombre: Isaías Duarte Cancino, aquel Monseñor que un día como hoy murió por las balas de alguien que no entendió su visión.

Ya son 14 años sin el ‘Apóstol de la Paz’. Cancino nació 15 de febrero de 1939, en San Gil, Santander, en el seno de una familia conformada por Crisanto Duarte Pilonieta y Elisa Cancino Arenas. Fue el menor entre los siete hermanos que tuvo esta pareja. Había heredado de sus antepasados y llevaba en su sangre una síntesis de las virtudes y cualidades de los pueblos comuneros: Socorro, Charalá y San Gil.

Además, también heredó la valentía, la disciplina y el temperamento para enfrentarse ante las adversidades que le ponía la vida, todo puesto bajo las manos de Dios. Era sincero y leal, luchaba contra las injusticias y, por esta razón, siempre tenía en su mente solucionar los conflictos por medio del diálogo para mantener una convivencia pacífica entre los pueblos.

Sus inclinaciones sacerdotales iniciaron a la edad de 17 años, cuando recién había terminado el bachillerato. Era noviembre de 1956 e Isaías ya vislumbraba el futuro de su vida y, ¿cuál era? Entrar al seminario de Pamplona. La primera etapa de su vida le dio la posibilidad de poder conocer, ver y oír las vicisitudes de un país en guerra. Una nación que por años ha estado inmersa en una violencia infernal que ha cobrado la vida de miles y miles de colombianos, cercenado el camino de la luz de la paz.

El 18 de junio de 1988 fue nombrado primer obispo de Diócesis de Apartadó, en el departamento de Antioquia. Durante su estadía en el Urabá antioqueño, su vida estuvo marcada por una lucha frontal contra la guerrilla de las Farc y las Auto Defensas Unidas de Colombia (AUC), quienes estaban en constante disputa para apoderarse del territorio y, de esta manera, tener un control estratégico sobre las tierras. Allí, Monseñor Isaías Duarte, conoció los estragos de estar en medio del conflicto armado colombiano y, al mismo tiempo, entendió la necesidad de emprender una reconstrucción del tejido social a partir de la reparación de las víctimas, la realización de unos diálogos con los actores implicados en la guerra y la fomentación de la dignidad humana.

Entre charlas, cafés y reuniones con Monseñor Isaías Duarte Cancino, Jaime Enríque Posso, Secretario General de UNICATÓLICA, recuerda los momentos y la visión que él tenía frente a los actores de la guerra en Colombia. “Él era un abanderado de la paz, pues en sus dos ministerios acá en Cali y en Apartadó se caracterizó por ser un enemigo del conflicto armado y ser un crítico frente a los grupos implicados en esta ola de violencia”.

El 19 de agosto de 1995 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de la Arquidiócesis de Cali, en reemplazo de Monseñor Pedro Rubiano Sáenz. Su estadía en este lugar desempeñó un papel importante en cuanto a la lucha contra el crimen organizado, la violencia que se vivía por aquel entonces en la capital del valle y la necesidad de crear centros educativos para que los jóvenes en condiciones vulnerables pudieran acceder a la educación superior.

Según datos recopilados en la tesis de grado de Daniel Arango, Martha Ocampo y Henry Ruiz, titulada Cátedra de Derechos Humanos Monseñor Isíás Duarte Cancino, Monseñor construyó en Cali 45 nuevas parroquias en tan solo siete años, casi la mitad de iglesias hechas en cinco siglos.

También, impulsó la creación de nueve colegios, un banco de alimentos que recolecta cinco toneladas diarias de comida para 137 organizaciones sociales, de las cuales dos eran destinas a casas de refugio para habitantes de la calle.

Uno de los proyectos que empezó a darle un toque de vida fue a la Universidad Católica Lumen Gentium (UNICATÓLICA), la cual consistía en poder brindarle la oportunidad de estudiar en un instituto de educación superior a jóvenes de escasos recursos económicos.

Robert Alberto Velázquez, sacerdote de la Arquidiócesis de Cali y Vicerrector de Unicatólica, afirmó que Monseñor Isaías Duarte Cancino dejó un legado en UNICATÓLICA que comprende de tres cosas: “el primero, entender que esta obra es un proyecto de iglesia; segundo, la búsqueda inalcanzable de generar espacios educativos para las personas con pocos recursos; y el tercer punto, brindar oportunidades de educación con buena calidad”.

Desde el pulpito Duarte Cancino denunciaba las alianzas que tenían varios políticos de la ciudad con grupos ilegales, ponía a circular su voz frente a las injusticias, a la desigualdad social, a la hambruna, al deterioro de las relaciones humanas entre los colombianos.

El 16 de marzo de 2002 fue asesinado por dos sicarios armados, quienes le dispararon  cuando acababa de realizar una ceremonia religiosa -matrimonio colectivo de más de cien parejas en la iglesia del Buen Pastor, distrito de Aguablanca- en Cali.

Luego de 14 años del asesinato de Monseñor, que llevaba el bien nombre de ‘Apóstol de la Paz’, los recuerdos de aquel hombre reposan en la mente de quienes tuvieron la posibilidad de conocerlo, entender su mirada sobre la sociedad y emprender un proyecto educativo con el que en la actualidad acoge a miles de jóvenes de Cali y los municipios aledaños.

Ese día no solo cercenaron la vida de un simple sacerdote, sino que también se llevaron a un ideólogo, a un hombre que dio su vida por la defensa de los derechos humanos, por combatir las injusticias sociales y, por simplemente, por construir un mejor país para las futuras generaciones. Cabe ahora esa consigan musical: “Mataron al hombre pero no a la idea”.

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