ESPACIO PARA PUBLICIDAD 360
Opinión

La ética del sexo en la relación de pareja

En algunas parejas más que el amor es el sexo, el motor de su unión. Hoy lo predominante entre las parejas es la satisfacción sexual. Si uno de los miembros de la pareja no logra satisfacer los cánones sociales y personales de satisfacción sexual entonces se termina la relación, pues no hay tiempo, ni hombres ni mujeres están dispuestos a dejar de obtener placer, al contrario hombres y mujeres están dispuestos a gozar, a ser felices  usando a otro.

El sexo como finalidad de la relación de pareja lleva a exagerar, a inventar, a mostrar imágenes, sentimientos que no se poseen hacia a otro si con ello se conquista al ser que se quiere tener. No existe el sentimiento amoroso que le dé firmeza, continuidad a la relación sexual, sólo hormonas desbordadas, que requieren un tipo de satisfacción, ésta última determinada por una historia personal modelada por experiencias e imaginarizaciones, que convierten al ser de carne y hueso que convocó su deseo, en un objeto obsolescente, cuya duración es corta.

En caso de haber satisfacción ésta es momentánea, no implica compromisos, más aun promueve la necesidad de nuevas experiencias, implica de hecho que no se espere repetir la experiencia, que se requiera cambiar de persona. Precisamente no hay nada personal, pues el otro no cuenta como ser humano, sino como un objeto que da cierta satisfacción.

Cuando en nuestro camino nos encontramos con alguien que se toma en serio esto de la relación de pareja, que está dispuesto a amarnos y nos demanda amarle, huimos y/o lo destruimos, pues nos abruma su demanda, por supuesto lo que nos abruma no es que nos ame, sino que nos exija que le amemos.

El sexo en algunas parejas es el lazo que las une, sin embargo tiene para cada uno un significado diferente. El sexo es un instrumento de control, de poder ante otro, es la manera de llegar al cielo, de alcanzar la satisfacción, la plenitud momentánea en algunos casos. Es la manera de alcanzar reconocimiento, fortalecer la autoestima, exaltar el sentimiento de masculinidad/femeneidad, de seducción y control, de estar vigente y en algunos casos la manera de ser feliz y hacer feliz al otro.

Si lo anterior es cierto ¿de qué ética estamos hablando? La ética, entendida como la toma de conciencia sobre sí mismo, es decir, darnos cuenta sobre cuáles son nuestros deseos, (angelicales y perversos), sobre la responsabilidad y previsión de los efectos de nuestros actos.

La ética como un acto reflexivo y de toma de decisiones, traduce un camino investigativo que nos lleva al autodescubrimiento y por ende a una reconstrucción de sí. En esa línea de ideas el título de este apartado implica una contradicción, no es posible hablar de una ética en el sexo, pues lo que menos surge en el acto sexual es la reflexión, el imperativo es de carácter biológico que no da lugar a las ideas y menos a su exploración y análisis.

En el acto sexual lo que prevalece es la satisfacción personal, los tiempos corporales, la ilusión de demostrar al otro de ser total, las pocas ideas y expresiones verbales son sobre el desempeño propio y del otro.

Hoy el acto sexual se erige como un criterio para formar una relación de pareja, si funciona se puede prever otros encuentros, sin que ello implique afecto y continuidad, sólo otros encuentros, el reconocimiento mutuo de sólo encuentros y nada más.

Igualmente, hoy, para llegar al acto sexual no se espera la puesta en acto de grandes rituales, sólo un breve coqueteo, que indique que hay cierto interés. Queda claro que se requiere poco tiempo y esfuerzo para llegar al acto sexual y como lo expresan muchos hombres y mujeres de lo que se trata es de “comer a la carta”.

Retomando el concepto de paisaje de José Ortega y Gasset (1930), se puede afirmar que el paisaje en este tipo de relaciones, es escueto, frio, sin muchos colores, sólo olores y sudor, no desencadena lazos afectivos fuertes, en lo cual los miembros de la pareja están de acuerdo, pues hoy casi nadie espera un encuentro cubierto de afecto.

Por lo general las personas no se detienen a pensar sobre un encuentro en donde sus cuerpos expresan lo que son y lo que no son, un encuentro en el que las palabras, los significados y los actos sinceros y solidarios permitan anclar la relación, un encuentro que genere continuidad en la relación. Lo que predomina es un encuentro en el que la reflexión sobre sí está ausente, mucho menos una re-construcción de sí junto a otro, un universo nuevo entre dos. Lo que predomina en el acto sexual es la pretensión de doblegar la voluntad del otro sometiéndola a la satisfacción personal, el amor es lo que menos importa, lo que se espera es controlar y pasarla bien.

 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Click para comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir a Top