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Opinión

La corrupción como idiosincrasia cultural

Cada día, leyendo las noticias, escuchando las noticias, viendo las noticias, me pregunto muy escéptico en verdad: ¿será que como sociedad tenemos el valor civil de acabar con este tema de la corrupción? ¿Será que somos capaces de cambiar esta nefasta conducta?

Creo, personalmente, que la corrupción en nuestro país, es algo cultural, que hace parte de nuestra idiosincrasia y por lo tanto es un tema muy complejo, por ellos, creo, sin lugar a equivoco que en cierta medida todos somos responsables de que la corrupción haya tomado las dimensiones que tiene hoy día, ya sea porque somos pasivos frente al tema (no me afecta entonces no es mi problema) o ya porque nos beneficiamos de directamente o indirectamente de ella y debemos callar porque vendimos nuestra conciencia.

En Colombia, nos acostumbramos a que las cosas se consiguen por medio de la trampa, del compadrazgo, de la componenda, de la recomendación, de la amenaza, del chantaje, de la extorsión, del billete hiperdoblado y escondido en la mano al despedirnos, ¿por qué será que somos así? Creo que como sociedad no tenemos una formación ética sólida, si la tenemos, no la hacemos valer ni la aplicamos en nuestros actos, o al menos, la aplicamos con criterio diferencial. Me explico: si un colombiano del común se presenta a un concurso de esos de la Comisión Nacional del Servicio Civil, que tienen más condiciones que un contrato de telefonía celular y que duran años y años, le enervará que al final del proceso, unos cuantos avivatos, logren las pocas plazas que se ofertarán en esos eternos procesos, a punta de tutelas o comprando las pruebas, o comprando los evaluadores, eso será para el indignante y aborrecerá esta corrupción que nos tiene fregados.

Sin embargo, en el día a día no tendrá reparo en ofrecerle dinero al policía de tránsito que le va a multar, o al entrenador del equipo de su hijo para que lo ponga de titular o en llamar al amigo que trabaja en la Alcaldía (en un puesto que consiguió como favor político) para que le ayude con una exención para el pico y placa o para que le rebaje el avalúo de la casa, o al de las empresas públicas para que le altere los contadores, en la señora de las citas de la EPS para que le colabore y le deje pasar primero, no tendrá sonrojo en hacerse el enfermo para ir a verse un partido o para evitar entregar un informe en el trabajo, cuando se cuela en el transporte público, cuando se queda con los vueltos, cuando no devuelve lo que se encontró sabiendo que tiene un dueño.

A eso es a lo que me refiero, tenemos una ética subjetiva, presumimos demasiado rigor frente a los actos de los otros y nos otorgamos laxitud en los actos propios; no se rasguen las vestiduras, los corruptos somos todos, cada uno de los colombianos que seguimos creyendo que los actos cotidianos en los que no mostramos un comportamiento ético no afectan a nadie y que los hacemos porque somos muy vivos, avispados, abejas, porque no somos tontos, cuando en realidad esos actos, que además los mostramos ante nuestros hijos hinchados de orgullo como ejemplos a seguir, son la génesis de la corrupción, que como droga, nos hace cada día querer más por la misma  vía y modo y tener menos vergüenza de hacerlo.

Estoy plenamente seguro que los políticos, que si bien algunos son un insulto a la inteligencia y uno no se explica cómo llegaron a esas posiciones (tal vez por amigos corruptos), en su mayoría son gente preparada, que los magistrados que evidentemente son gente preparada, conocen de antemano que están siendo corruptos, el problema es que su ética no los lleva a sentir vergüenza, creen y saben con certeza que aquí así funciona el mundo y, que nosotros  que cohonestamos con sus actos, no tenemos el valor moral, ni la estatura ética de confrontarlos, de arrinconarlos, de desahuciarlos políticamente, saben que les debemos favores, saben que de ellos dependemos, saben que les entregamos nuestra dignidad a cambio de recibir sus sobras o en algunos muy escasos casos de enriquecernos con ellos.

La corrupción se acabará cuando reconozcamos en el otro un sujeto que merece respeto y que tiene derechos que no debo vulnerar y garantizar, pero mientras veamos en el otro el medio para lograr nuestras ambiciones,  mientras veamos en la ruina del otro, en la escases del otro nuestra fuente de riqueza y de poder, mientras veamos en el otro la garantía para mantener nuestros privilegios y prebendas o el respaldo para no abdicar de ellas, mientras esto siga así, no habrá un cambio en este no futuro.

P.D. Los movimientos guerrilleros y sus armas no lograron en 50 años cambiar el país y su forma de ser país, los “dueños” del país, con sus bandas criminales y sus políticos y funcionarios comprados, con su poder económico y con los ciudadanos que los idolatran, han logrado aferrarse a esta teta que da infinitamente tanta leche, Entonces es necesario un cambio en el pensamiento de la sociedad, o en extremo una extinción gradual de esta nación y repoblarla.

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