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Cali

Katherine Soto: diez años de impunidad

Es una sala muy pequeña del Palacio de Justicia de Cali, en la que las sillas se organizan en forma horizontal y en tres filas. Ahí, a las 9:13 de la mañana, inició la audiencia de imputación de cargos contra seis militares por la muerte de Katherine Soto ocurrida en 2007. Afuera del Palacio de Justicia habían carteles con la fotografía de la joven y mensajes como: “Exijo verdad y justicia”.

Al iniciar la audiencia, cada uno de los militares pasó al micrófono sin mostrar ninguna expresión en sus rostros a diferencia de Julieta Ospina, madre de Katherine, cuya tristeza y rabia se percibían por diez años de impunidad.

Luego, Ana Cecilia León, fiscal del caso, presentó el informe del sobreviviente Rolando Quintero y el del Comandante del Ejército Nacional.

Según el informe del comandante, el día de los hechos se desarrollaba la Operación Angostura, en la que se tenía información de la presencia de integrantes del treinta frente de las Farc en zona rural de Buenaventura. Añade el informe que en el momento de los hechos, los militares observaron movimiento del otro lado del puente del río Dagua de San Cipriano, pero que había poca visibilidad. A 20 o 25 metros, solo se alcanzaba a ver los morrales de las víctimas, pues su ropa era oscura. Ello, según el ejército, hizo que se confundieran y abrieran fuego contra las dos personas.

La fiscal también dio a conocer que en el cuerpo de Katherine Soto se encontraron impactos de armas de fuego, el informe de heridas craneana por causa de balas. Sin dejar a un lado, el reporte por parte del ejército y la noticia criminal de los hechos, dónde se comunicó la presencia de un cuerpo sin vida en la línea férrea.

El dictamen de Medicina Legal, también acredita que Rolando Quintero, quien acompañaba a Katherine, fue víctima de agresión física con proyectil de arma de fuego, presentando heridas en el miembro inferior derecho, dos orificios de entrada, uno en el interior del muslo y el otro en la rodilla derecha.

La acusación

Después de conocer esos detalles, se imputaron los cargos a los seis militares: homicidio en persona protegida y tentativa de homicidio en persona protegida, es decir, que se atacó a personal civil en marco de una operación militar. Ello, dijo la fiscal, viola el Derecho Internacional Humanitario.

“Los militares aquí cuestionados procedieron a disparar de manera indiscriminada contra las víctimas, pasando por alto las instrucciones dadas en la Misión Táctica Angostura, sumado al protocolo usado de armas de fuego donde no está permitido disparar sin tener plenamente identificado el blanco”. expresó la fiscal.

Luego hubo un receso de cinco minutos para que los acusados se asesoren de sus abogados. Al final del descanso, el juez pidió que los imputados respondieran a sus preguntas. Cada uno respondió que entendía los derechos explicados, los cargos que les hizo la fiscalía, pero no los aceptaron.

A las 10:41 de la mañana, el Juez cierra la audiencia. Todos salieron y el caso de Katherine sigue en proceso de investigación.

En la sala quedó la abogada de confianza de los acusados, Saira Anacona, que muy amablemente me contestó unas preguntas sobre los cargos imputados y porqué sus defendidos no los aceptaron. Dice la abogada que no los aceptan porque seguirá el proceso en un juicio y la Fiscalía deberá presentar más pruebas.

Es la primera vez que entro a un terreno distinto, donde el silencio invade el espacio entre las personas que se encuentran en una audiencia de formulación e imputación. Me atrevo a decir que es agotador. Es un agotamiento físico y emocional. Me imagino que ha sido así para Julieta Ospina quien desde la muerte de su hija, sigue en pie y luchando para que el caso no quede en la impunidad y se haga justicia.

En la casa de Rolando

Me atendieron muy bien y me sirvieron un plato delicioso de espaguetis con arroz. En la habitación del joven, está un cartel inmenso de Katherine, en el centro de toda su cama y en las paredes hay palabras escritas por él mismo en relación a ella. Me dijo que cada persona tiene su ritual diferente de recordar a su ser querido.

Se acostó en su cama. Le causó gracia mi pregunta: “¿quién es usted?”, pregunta que suelo formular cuando entrevisto y me contó que siempre le ha gustado estudiar, saber y conocer. Estudió física, filosofía y tecnología en electrónica, y ahora se encuentra en trabajo de grado de estudios políticos de resolución de conflictos.

Durante ese momento, al escucharlo narrar su vida, le pregunté sobre la historia de él y de Katherine. Automáticamente la expresión de su rostro cambió y sus ojos se iluminaron. Me describió que ella siempre se mostraba muy fuerte y una risa burlona ante cualquier situación que marcaba unos hoyuelos en sus mejillas que a él le fascinaban. Ella siempre caminaba detrás de él y la última vez que caminó adelante fue el 3 de Agosto de 2007, el día que la pierde por las armas de fuego del Ejército.

Antes de ir a San Cipriano, ella pintó dos cuadros: en uno había dos caballos y en el otro una carrilera dentro de un desierto “Yo me reía de la pintura de los caballos, porque tenía un serio problema en la dentadura. Ella se ofendía y le daba risa porque me le burlaba de los dientes de los caballos” dice Rolando entre risas.

En ese instante, mis ojos se humedecieron mientras Rolando continuaba con su relato. Lo único que pensé fue sobre la relación de los cuadros y su muerte, los dos caballos y la carrilera. “Los caballos que ella vio ese día que murió, me dijo que en esa montaña había caballos que cuando se movían parecían personas, y luego su asesinato y queda su cuerpo sobre una línea férrea”, manifiesta Rolando.

Finalmente, llegó el momento del adiós y no sé cuánto tiempo pasó, el cielo estaba oscuro, y se ofreció a llevarme a mi casa. Me dejó a una cuadra, y se despidió de beso en la mejilla.

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