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Informe Especial

Informe Especial Matoneo: Un repaso a los casos y leyes en el país

En Colombia, el matoneo está dentro de las instituciones educativas, registrando altas cifras de esta problemática y dejando a su paso innumerables casos de suicidio, producto o consecuencia de estos actos.

Inicialmente, cabe mencionar que, en un reciente estudio de la Universidad de los Andes, se evaluó la respuesta de 55 mil estudiantes en 589 municipios del país. A través de las Pruebas Saber, se estableció que el 29% de los estudiantes de quinto y el 15% de los estudiantes de noveno, manifestaron haber sufrido algún tipo de agresión física o verbal por otro compañero.

Frente a ello, Enrique Chaux, especialista e investigador de la Universidad de los Andes, relata que “en las instituciones públicas del país la intimidación es más personal, de frente al estudiante; mientras que en los colegios privados, donde más se presenta el fenómeno del ‘bullying’, las agresiones son más frecuentes a través de las redes sociales (cyberbullying o matoneo virtual)”.

A parte de las consecuencias físicas y psicológicas que deja en la víctima el matoneo, otro de los resultados a los que conlleva esta problemática es al suicidio.

“El ‘bullying’ o matoneo pueden causar una depresión y esta hace que el pensamiento en el depresivo no sea igual al de una persona que no la tenga. En una situación de esas, la persona no visualiza las posibilidades de afrontamiento al acoso y ven en el suicidio la única salida”, manifiesta la psicóloga María Cecilia Salcedo.

Entre otros estudios realizados en el país, en un informe del área de salud mental de la Universidad de La Sabana, la pérdida de un año escolar, la baja autoestima, sentimientos excesivos de culpabilidad, consumo de drogas, intolerancia al fracaso y el acoso escolar, son las principales causas que conllevan a una tendencia suicida en niños y adolescentes.

El estudio arrojó que respecto al matoneo, entre el 5% y el 10% de los menores víctimas de matoneo, piensan en hacerse daño o suicidarse.

De igual manera, en las cifras arrojadas por el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en lo corrido de este año se han suicidado 65 niños con edades entre los 5 y 17 años; de los cuales se presentó un caso en menores de 5 a 9 años, 35 casos en edades de 10 a 14 años y 29 episodios en adolescentes entre los 15 y 17 años.

Según ese mismo reporte, hasta la fecha del 30 de abril del presente año, se registraron alrededor de 663 casos, siendo una cifra elevada del 67% en comparación al 2016, año en que la cifra cerró con 2056 casos.

En cuanto a las cifras de niñas, niños y adolescentes suicidados, los datos siguen siendo preocupantes ya que, los casos registrados aumentaron, pasando de 56 casos en el primer trimestre de 2016 a 65 casos en los primeros meses de este año.

Igualmente, el estudio realizado data que los lugares del país donde más se han quitado la vida los menores en lo que va del año, son: Bogotá (13 casos), Valle del Cauca (6 casos), Antioquia y Cundinamarca (5 casos).

Casos de matoneo en Colombia

Caso Yadira Perdomo

Este fue el primer caso fallado a favor de una víctima de matoneo en el país. Yadira Perdomo, el 29 de agosto de 2009 –con 16 años en ese momento– antes de terminar clase en el colegio Gimnasio Campestre Los Alpes, ubicado en La Calera, la chica cayó del techo del colegio porque un compañero le cerró una ventana donde se apoyaba, cayendo directamente sobre un pupitre impactando su columna.

“Un muchacho lanzó la cartuchera de una amiga al zarzo. Entonces todos empezaron a presionarme para que me subiera, porque ellos sabían que yo era la más boba, se aprovechaban de que yo era la más vulnerable. Estaba en décimo. Fue tantala presión psicológica que me subí. Una muchacha me dijo que me hacía ‘pata gallina’ y me subí por una ventana. Recogí la cartuchera y la tiré. Cuando me iba a bajar me advirtieron que tuviera cuidado con la ventana, pero cuando yo puse los pies sobre el marco, Nicolás (Hernández) me la cerró y ya no tuve dónde apoyarme. Caí sobre el pupitre y me destrocé la columna. Me diagnosticaron además trauma craneoencefálico. Nadie me ayudó en ese momento, sólo escuchaba risas”, relató la joven Yadira.

Luego de lo ocurrido que la fracturó la columna en dos, la joven, hoy de 24 años, no ha podido recuperarse del todo debido a que, ha tenido que someterse a múltiples intervenciones quirúrgicas para poder recuperar su movilidad ya que el ataque la dejó paralizada de la cintura hacia abajo e incluso no posee control sobre sus esfínteres.

Caso Sergio Urrego

Este fue un joven de 16 años, estudiante del Gimnasio Castillo Campestre de Bogotá, quien se suicidó tras lanzase desde la terraza de un centro comercial de Bogotá, luego de ser víctima de una persecución y discriminación homofóbica en su colegio.

Este fue uno de los casos que más ha conmovido al país. A pesar de ser uno de los mejores estudiantes de su colegio, ser homosexual y tener siempre una actitud crítica ante la autoridad por su pensamiento anarquista, lo convirtió en el foco de la discriminación por parte de las directivas de la institución (entre ellas la directora).

La discriminación y rechazo que vivió Sergio inició cuando un profesor tuvo acceso a un celular en el que había una foto de Urrego besando a otro hombre. El profesor presentó la foto a los directivos del colegio y desde ese momento decidieron no permitir el ingreso del joven al colegio hasta que los padres del mismo se presentaran en el colegio.

A pesar de que Sergio le confesó a sus padres la relación que sostenía con otro hombre y lo apoyaron totalmente, se desataron un sinnúmero de situaciones que  tuvo que padecer Sergio a causa de la homofobia, los cuales lo llevaron a quitarse la vida el 4 de agosto de 2014, luego de dejar varias cartas en su casa expresando todo lo que ocurría, sentía y pensaba.

Caso Gabriela Espinosa

Este es un caso completamente diferente a los mencionados anteriormente y a los que se registran a diario sobre matoneo. El caso de Gabriela Espinosa muestra de diferentes formas cómo deben operar la familia y las instituciones educativas frente a un caso de orentación sexual diferente.

Jhon Janer Quintero Espinosa o como se le conoce en la actualidad, Gabriela Espinosa, es la primer mujer transgénero en el Valle del Cauca que consiguió la autorización para asistir a estudiar a su colegio Manuel Dolores Mondragón, en Bolívar, con el uniforme femenino.

“Me estoy representando como una mujer, me identifico como soy y estoy haciendo valer uno de mis derechos. Estoy representando a todas las trans que no han podido ser valientes”, afirmó Gabriela.

A inicios de agosto del año pasado, siete meses después de que Gabriela empezó el grado noveno en su colegio, ingresó por primera vez a las instalaciones con la falda de cuadros con fondo vinotinto, que corresponde al uniforme femenino.

Desde temprana edad, Gabriela manifestó e hizo saber su orientación sexual y desde ese momento el apoyo de su familia fue incondicional. También, recibió aceptación y apoyo de la su colegio, de sus directivas y compañeros, de la comisaría de familia de Bolívar y del área de psicología del hospital Santa Ana, quienes la han ayudado durante todo el proceso.

Ley frente al matoneo o ‘bullying’

Ante el panorama crítico de esta problemática, sus cifras y ante los devastadores casos que se han presentado y que se siguen presentando, dejando incluso como saldo muchas muertes de niños y jóvenes, las autoridades colombianas tuvieron que tomar cartas en el asunto con el fin de garantizar la calidad de vida de todas las personas y el respeto a sus derechos de identidad.

Por ende, se creó la Ley 1620 de 2013, mediante la cual se crea el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar, con el cual se promueve y fortalece la formación ciudadana, el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes, de los niveles educativos de preescolar, básica, media, y que a su vez prevenga y mitigue la violencia escolar y el embarazo en la adolescencia.

¿Cómo opera esta ley?

En un primer momento, después de perpetrado y divulgado el hecho, se debe poner el conocimiento del asunto ante las directivas del plantel educacional, a los representantes legales de los implicados, tanto de la víctima como del victimario. Seguido, se crean mecanismos que solucionen la situación y que garanticen una conciliación entre los implicados, creando también un compromiso entre ambos.

De no darse dicha conciliación, se deberá proceder aplicar el contenido de la Ley 1620 y solicitarse la participación de otras instituciones o entidades, y los involucrados –teniendo en cuenta el caso­– serán trasladados a las dependencias del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a la Policía de Infancia y Adolescencia, a la Comisaria de la Familia o a la Personería Municipal o Distrital, entes  gubernamentales encargados de este tipo de situaciones. 

Sanciones para el victimario de bullying en Colombia

Para las personas que ejerzan el matoneo, el código penal establece una serie de sanciones para castigarlo:

Por injuria: Este implica el expresarse deshonrosamente de una persona, catalogándola de algo que resulte penoso o insultante. Para este punto, se interpone una sanción que incurrirá en prisión entre 1, 4 o 5 años, además de pagar una multa que equivale aproximadamente lo 1500 salarios mínimos mensuales vigentes a la fecha.

Por calumnia: La pena por quien incurra en calumnia, es de 1 a 6 años de prisión y el pago de un monto de 1500 salarios mínimos legales. Frente a lo que se estipula como calumnia, inculpar a un tercero sobre una conducta delictiva es un delito que es severamente penado por la ley. Es decir, cuando se culpa a una persona directamente sobre algo. Por ejemplo: afirmando que es un violador, ladrón, estafados, entre otros.

Para menores de 14 años: Al considerar que se trata de un menor de edad, se le aplicarán medidas de verificación en la garantía de derechos que deberán correlacionarle con el proceso de educación y protección dentro del Sistema Nacional de Bienestar Familiar, quienes vigilan el cumplimiento de las mismas. No obstante, no serán juzgados ni declarados responsables.

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