Informe Especial

Informe Especial: Delitos sexuales entre el poder y el reproche social

Colombia se ha caracterizado por ser un país que ha sufrido distintas formas de violencia, entre estas, el conflicto armado, uno de los episodios más antiguos practicado en el país. No obstante, esta violencia ha venido acompaña de distintas maneras de engendrar el terror en la población, tales como la violencia sexual que se ha dirigido particularmente hacia las mujeres, aprovechando su condición de “inferioridad” en la que se ha categorizado al género femenino a través de la historia.

En los últimos años se ha vuelto natural conocer a través de los medios de comunicación los abusos sexuales de los que han sido víctimas las mujeres. Si bien, son abundantes los casos que se revelan sobre delitos sexuales, también es cierto que pocos son los castigos condenatorios para el victimario.

Lo anterior obedece a diversos aspectos. Por un lado, en la mayoría de casos en los que ocurre abuso sexual, es decir, una de las modalidades en las que puede ejercerse la violencia sexual sobre una persona según el portal, ‘Colombia Legal Corporation’, tiene que ver con un victimario que ocupa una figura superior a su víctima.

El perpetrador, de condición superior de acuerdo con su posición social, económica, de edad o familiar en comparación con la víctima, aprovecha la sumisión de esta, ya sea porque se trata de un menor de edad ajeno a lo que sucede en el momento del abuso; por las condiciones psicológicas, de salud y mentales que posee el individuo incapaz de defenderse; o porque la víctima ha sido amenaza por parte su victimario en caso de no acceder a favores sexuales.

La abogada y magister en Estudios de Género, Alejandra Coll resalta que son varios los tipos de abuso sexual que se agravan según las formas de arremeter contra la víctima, asimismo varían sus condenas: “por un lado están los Actos Sexuales Abusivos’ que son tocamientos y actos sexuales que no implican penetración pero que se ejecutan sin consentimiento de la víctima.

“También “el ‘Acoso Sexual’ que se configura cuando hay una relación de poder entre víctima y perpetrador y este lo usa para pedir favores sexuales llegando así al ‘Acceso Carnal Violento’ o ‘violación’ que se presenta cuando hay penetración forzada, sin consentimiento de la víctima” indica Coll.

La denuncia pública y la estigmatización

Tal es el reciente caso de la periodista Claudia Morales, quién, a través de un artículo publicado en El Espectador, revela haber sido víctima de violencia sexual por parte de un “jefe suyo” le generó todo tipo de críticas, desde quienes se solidarizaban con su caso hasta acusaciones que la responsabilizan de una campaña de desprestigio contra Álvaro Uribe Velez, de quien fue jefe de la periodista cuando fue presidente.

En su columna, Morales manifiesta y defiende que aquellas mujeres como ella que han sido víctimas de violencia sexual, tienen el derecho a guardar silencio, en tanto su familia y su integridad física y moral se pueda ver afectada.

Ante esto, la abogada Coll resalta que, cuando una mujer es víctima de cualquiera de este tipo de actos, su integridad física y social, y su actividad psicológica y moral se ven trastocadas debido a las repercusiones que este tipo de actos genera. Cuando se llevan a cabo las denuncias públicas, la estigmatización, culpabilización y el reproche social recae sobre las víctimas.

“Cuando fui violada, además, vivía con mi familia una situación de dolor profundo, mi papá estaba en una posición laboral que yo debía proteger y mi vida profesional, una vez renuncié al lugar donde trabajaba con “Él”, era incierta”, expresa la periodista en su columna, ‘Una defensa del silencio’.

La carta de la periodista, impulsada a escribirla por los recientes casos de las actrices de Hollywood que han revelado haber sido abusadas por el cineasta estadounidense Harvey Weinstein, ha despertado la incertidumbre sobre cuáles son las acciones para considerar que una persona es o ha sido víctima de acoso y que en ocasiones se pasa desapercibido, teniendo en cuenta que no ha sido forzada físicamente para tener relaciones sexuales, sin embargo, de modo implícito, ha sido incitada a cumplir los deseos de quien sería el abusador.

Condenas e impunidad

De acuerdo con el Código Penal de Colombia relativo a delitos de abuso sexual con la ley 1236 del  2008, las condenas varían entre 8 a 20 años de prisión dependiendo de la categoría del delito entendida de la siguiente manera:

–          Acceso Carnal Violento: el que realiza acceso carnal con otra persona mediante violencia.

–          Acto Sexual Violento: el que realiza en otra persona acto sexual diverso al acceso carnal mediante violencia.

–          Acceso Carnal o Acto Sexual en Persona puesta en Incapacidad de Resistir: es el que realiza acceso carnal con persona a la cual haya puesto en incapacidad de resistir o en estado de inconsciencia, o en condiciones de inferioridad psíquica que le impidan comprender la relación sexual o dar su consentimiento.

–          Acceso Carnal Abusivo con menor de catorce años: el que accede carnalmente a persona menor de catorce 14 años

–          Actos Sexuales con Menor de 14 años: es el que realiza actos sexuales diversos del acceso carnal con persona menor de catorce (14) años o en su presencia, o la induzca a prácticas sexuales.

–          Acceso Carnal o Acto Sexual Abusivos con Incapaz de Resistir: aquel que accede carnalmente a persona en estado de inconsciencia, o que padezca trastorno mental o que esté en incapacidad de resistir.

Ante estas explicaciones, el abuso sexual se presenta en diferentes escenarios con relación a la víctima, sin embargo, el perpetrador adquiere aquí una condición en común, pues se trata de un individuo con poder que ejerce intimidación sobre su víctima, situación que reprime cualquier acto de denuncia.

De acuerdo con Medicina Legal, la violencia sexual tiene diferentes expresiones que pueden ir desde el acoso verbal, la manipulación de genitales o tocamiento sin consentimiento en otras partes del cuerpo y, finalmente la penetración forzada.

“Para lograr su fin, el agresor dependiendo de la condición de la víctima toma ventaja de su posición de superioridad (diferencia de edades, rol de género, familiar o laboral, discapacidad física o mental), suministra algún tipo de sustancia que altera la conciencia y utiliza la coacción verbal o la fuerza física”, indica el estudio Forensis 2016 de Medicina Legal.

Ante esto, Angélica Bohórquez, estudiante de la Universidad del Valle y realizadora de la tesis sobre la violencia sexual asociada al conflicto armado, para optar por el título de Comunicadora Social y Periodista, manifiesta que el abuso sexual en ocasiones se ha naturalizado porque siempre se ha visto a la mujer en un rol inferior al hombre en el cual este tiene poder sobre ella, hasta decidir cuándo tienen relaciones sexuales y cuándo no.

“Muchas veces pasa con la pareja que la mujer no da consentimiento para llevar a cabo el acto sexual, pero el esposo lo hace y ese hecho se naturaliza porque es “suya”, pero lo cierto es que la mujer no dio aprobación. La violencia sexual es una escalada y empieza en el ámbito privado hasta terminar en el público”, señala Bohórquez.

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