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Opinión

‘Guardián y verdugo’, la película que cuestiona la pena de muerte

El filme, que es dirigido por Oliver Schmitz, está basado en hechos reales y ha sido galardonado con el Premio del Público en la sección ‘Panorama’ en el Festival Internacional de Cine de Berlín 2016.

Las cárceles, los presos y los diferentes procesos judiciales que se han emprendido contra distintas personas, han estimulado a que grandes directores del cine se aventuren a realizar productos audiovisuales que narren los acontecimientos que giran en torno a estos temas. No obstante, son pocas las obras cinematográficas que colocan sus ojos en la vida de los carceleros y, sobre todo, en la relación que se gesta entre el guardia de prisión y el recluso.

Así pues, ‘Guardian y verdugo’, dirigida por Oliver Schmitz, es una cinta que ambienta uno de los temas más controvertidos en cuanto a normas judiciales se refiere. El filme nos narra una historia real que se dio en 1987 en Pretoria, Sudáfrica. En esta ciudad, Leon Labuschagne (Garion Dows), un joven guardia de una prisión de máxima seguridad, a la edad de 17 años, asesina apunta de tiros a siete hombres afros, sin ningún motivo aparente. El Estado pide para él la pena de muerte.

John Weber (Steve Coogan), un activista que defiende a capa y espada los derechos humanos, es el único abogado que toma la decisión de defender al reo, quien ya tiene 19 años. Weber comienza a realizar una indagación sobre cuáles fueron las causas estructurales que llevó a Labuschagne a cometer el crimen.

En ese sentido, el abogado demuestra ante los jueces que Leon no perpetró el homicidio de manera espontánea, sino que su acto deviene por culpa de un trauma mental producido por su trabajo en el corredor de la muerte, en donde le ha tocado presenciar las 164 ejecuciones que se realizaron durante 1987.

Oliver Schmitz narra esta historia a través de saltos del pasado y del presente. El abogado Weber comienza a realizarle preguntas durante el juicio y Labuschagne, a través de flashbacks, trae a colación los recuerdos de su trabajo, los vínculos sociales que tuvo con los presos y el deterioro de la relación con su esposa y su hija.

‘Guardian y verdugo’, vista desde una mirada ética y moral, es una obra que cimienta muy bien su posición frente a esta Ley: la pena de muerte es una barbarie.

Las actuaciones del abogado defensor, John Weber (Steve Coogan) y la fiscal del Estado, Kathleen Marais (Andrea Riseborough), en una intensa batalla judicial, le dan un toque más realista a esta cinta porque despliegan una serie de estrategias poco ortodoxas para ganar el caso. El papel que desarrolla Leon Labuschagne (Garion Dows) no se queda atrás, debido a que él es la voz y el rostro de aquellos individuos que acumulan una cadena de trastornos mentales producto de una política que no ve ni entiende los lazos que se gestan entre el guardia de prisión y el prisionero.

A nivel audiovisual el director narra sin ningún pudor la crudeza a la que se exponen tanto los presos como los carceleros, debido a que la cámara registra hasta el momento en el que los reos son llevados hasta su muerte colocándoles una soga al cuello. Los planos en modo detalle son utilizados con frecuencia para aumentar el grado de las torturas, los horrores y el desasosiego por el que pasan las personas que están involucradas en este tema.

Además, la película también toca el modo de organización social de Sudáfrica, un país donde la justicia estaba en manos de los blancos, provocando que de manera constante se violaran los derechos civiles de las poblaciones africanas. Eran los tiempos del apartheid, un sistema de segregación racial que estuvo en vigor hasta 1992.

Schmitz supo narrar muy bien un hecho que cambió la historia del sistema judicial de Sudáfrica. En sus 106 minutos ‘Guardián y verdugo’ es una obra concisa y honesta. A través de ella se hace una denuncia pública sobre un caso poco conocido de la manera más realista posible. No hay cabida para la interpretación, por el hecho de que el filme habla por sí solo. Es el espectador el que tendrá que tomar la difícil decisión de si está de acuerdo o no con la implementación de la pena de muerte.

En síntesis, ‘Guardián y verdugo’ es una cinta clave para entender, desde la mezcla entre las emociones y el drama, la ejecución de la pena de muerte y cómo esta Ley repercute en las condiciones sociopolíticas de un país como Sudáfrica.

En el epílogo de la película se cuenta que la pena de muerte fue abolida el 6 de junio de 1995, luego de que Nelson Mandela obtuviera la Presidencia de Sudáfrica.

 

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