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Informe Especial

Entre la vida y la muerte, 14 años después

1935814_167804779255_8134139_nUn día común y corriente, un sábado en el Club La Riviera, todos estábamos enfocados en el almuerzo, en disfrutar un día de descanso, escuchando la risa de los niños, la entrada y salida de las personas del club, incluso la destapada de una botella; con una leve briza, en una tarde de marzo el enorme sol penetraba en el lugar y el sudor corría por los rostros,  de repente ocurrió lo impensable, el ambiente se congeló, y dio un giro de 180 grados.

Fueron sólo unos segundos, para que un perturbador sonido, un golpe en seco alarmara a todas las personas del club. Mi hermana de 6 años, lloraba de una manera indescriptible, mi mente se puso en blanco, cuando vi a mi mamá envuelta en un mar de lágrimas, a mi papá tratando de reaccionar y levantar, a la niña que se tornó de un color violeta-rojizo,  y se empezó a caer, mientras un río de sangre bajaba como en  cascada por  su pequeño cuerpo, fue impactada, accidentalmente, por una bala.

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Un torbellino me arrastró a lugares remotos a cumplir trabajos diversos, en pocos segundos, momentos inolvidables con ella pasaron al frente mío como una película, y terminó en ese momento, cuando estaba a un paso de la muerte. Por un infinito trayecto, donde los carros se convertían en grandes obstáculos, a pesar de ir en contravía, se hacía eterna la llegada a la clínica, en el carro que la llevaba, minutos después mirando de reojo, las extensas escaleras estaban cubiertas de un manto rojo.

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En ese momento, a pesar de mi corta edad, comprendía lo que pasaba, el problema era la inseguridad en la ciudad, no podía creer que estuviera pasando; Detrás de este lamentable accidente había una historia, el hombre que disparó había sido amenazado varias veces, razón por la cual portaba un arma, él  trató de asegurarla pero se le disparó, hiriendo sus propios genitales e impactando el tórax de mi hermana, quien se salvó de morir o de quedar discapacitada. Ese día empezamos a creer en los milagros.

Mientras nosotros vivíamos ese martirio, Monseñor Isaías Duarte Cancino, fundador  de la Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium – UNICATÓLICA, realizaba una intervención en un foro sobre los derechos humanos en la institución, sin saber que sería la última vez que estaría en sus terrenos, posteriormente,  tomó rumbo a la parroquia San Fernando Rey, donde atravesó sus puertas, para nunca más volver.

Foto por: http://www.isaiasduarte.org/

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El padre William Correa recuerda las palabras de Monseñor Isaías antes de morir, esa mañana en la Universidad, “La Iglesia tiene que seguir en la labor de evangelizadora de educar a los más pobres, la Universidad está llamada a ser el foco de reflexión de la iglesia de Cali”

En horas de la tarde, Monseñor había grabado un mensaje radial en el que reflexionaba sobre aquella pregunta que Jesucristo le había hecho a Dios, antes de morir crucificado: ¿por qué me has abandonado?

A las seis de la tarde, al otro lado de la ciudad, el hombre que amaba la vida, y que estaba dispuesto a dar lo que fuera por ella, fue invitado para celebrar el matrimonio de, alrededor de 104 parejas, en la diagonal 71, calle con carrera 26I, barrio Ricardo Belalcázar, parroquia el Buen Pastor, en el distrito de Aguablanca, un recorrido que le implicaba pasar por toda la ciudad.

Foto por: http://www.arquidiocesiscali.org/

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El evento se terminó a las ocho de la noche y Monseñor se dirigió  a la casa cural, de donde salió con dos sacerdotes quienes lo acompañaron hasta su carro, cuando dos sicarios a poca distancia le dispararon por la espalda. Todo pasó en cuestión de minutos.

Una de las balas lo impactó en la cabeza, y de inmediato fue llevado  al hospital Carlos Holmes Trujillo, pero ya no había nada por hacer, Monseñor ya había muerto.

Esa noche en la ciudad se fue la energía eléctrica, fue una coincidencia, que dejó a muchos, más asustados de lo que estaban, aunque los periódicos de la época explicaron que había falla de una línea de interconexión, y el apagón  se presentó  en 18 departamentos del país. En Cali, además, se desató una fuerte tormenta, una avalancha de gotas cayendo del cielo, y un fuerte golpeteo en las ventanas.

Sus honras fúnebres fueron el martes 19 de marzo y fueron presididas por el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá, asistieron más de 70 obispos de toda América Latina que se desplazaron hasta la ciudad de Cali, el Presidente de Colombia en ese entonces, Andrés Pastrana  y su gabinete, candidatos presidenciales, autoridades civiles, eclesiásticas y militares del Valle del Cauca y más de 20.000 fieles que lo acompañaron en la plaza de Caicedo en frente de la Catedral.

Foto por: Foto por: http://www.isaiasduarte.org/

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Cuando la sociedad, lloraba la partida de uno de los grandes, un hombre que con sus características logró, ser un guerrero de Dios, una persona que marcó la historia de Cali y la de muchos que hoy hacen parte del sueño llamada UNICATÓLICA; pero mi familia no tenía idea, de lo que sucedía por fuera de la clínica, no se alegraba de lo ocurrido, pero si nos sentíamos tranquilos por el bienestar de mi hermana, después de tremendo impacto, y tener la bala a 3mm de la columna vertebral.  Que estuviera viva, y que el episodio hubiese terminado.

Hoy 14 años después, la oleada de violencia en Cali continúa y los recuerdos de Monseñor siguen vivos con cada estudiante nuevo que ingresa a UNICATÓLICA a convertirse en un profesional; por otro lado María Paula más cercana a su hermana que nunca,  ya tiene 19 años, estudia arquitectura y con sus pasos, aún saben qué significa caminar con una bala en su cuerpo.

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El asesinato de Monseñor fue uno de los 2.017 casos de homicidio para ese año, que había presentado una disminución de 38 casos (1.8%) con respecto al 2001, en el que se registraron 2.055 homicidios, la mayoría fueron causados por armas de fuego. En el año 2014 se registraron 1.712 asesinatos y en el año 2015 hubo 1.523, 189 casos menos que en el 2014, cifras tomadas del Periódico El País.

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Sin embargo, la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes en el 2015, cerró en 56, mientras que en Bogotá fue de 17 y Medellín 20. Este año 2016, empezó con 13 homicidios, de los cuales once fueron registrados el primero de enero, en el distrito de Aguablanca (7), Siloé (2) y los otros dos en el barrio Antonio Nariño.

Armitage, el nuevo alcalde de Cali, afirmó para el periódico El País: que las acciones policiales se complementarán en este año con más inversión social y de generación de empleo. Señaló que en esas zonas de más homicidios, como el distrito de Aguablanca, con las comunas 13, 14 y 15, y Potrero Grande, en la comuna 21 habrá zonas industriales para micro y medianos empresarios.

Añadió que una de las principales acciones a realizar será seguir bajando los homicidios y reforzando el pie de fuerza, reiterado por Laura Lugo, secretaria de Gobierno municipal, también agregó que “Las estadísticas muestran una reducción de los homicidios en las comunas que están intervenidas (control a venta de licor, al toque de queda para menores y al porte ilegal de armas) como la 13 y 14 del distrito de Aguablanca”.

A pesar de que los homicidios han disminuido durante estos años, ¿la ciudadanía sigue preocupada? ya que Cali sigue siendo una de las ciudades con  más alta criminalidad de Colombia.

 

 

 

 

 

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