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Crónica

El último cine porno en Cali, portal a otra dimensión

Para quienes hablan de un mundo lleno de oscuridad y afirman que este mismo está abajo de nosotros, qué equivocados están. Este queda en pleno centro de La Sucursal del Cielo, en la calle 15.

Son las cuatro de la tarde y el ambiente en el centro de Cali se percibe así: gran cantidad de personas se mueven por distintas partes de las calles, muchos trabajadores de establecimientos comerciales se escuchan pregonando en los quicios de sus almacenes los productos que venden y otro resto se dedican a atraer posibles clientes, vendedores ambulantes en cada esquina, el aire que se respira no es el más puro que haya, es en gran parte el humo que emiten la cantidad de carros que transitan por el sector.

El cielo a esa hora pinta un poco gris, una leve llovizna humedece las calles céntricas, tal vez producto del agua o de un afán sin razón, uno que otro peatón acelera su paso. Asimismo, los vendedores informales con gran rapidez desmontan sus puntos de venta y se dirigen a buscar refugio. Sin embargo, la lluvia no amenaza el ir y venir de transeúntes, y en gran medida, se mantiene la acelerada normalidad que es común en esta zona de la ciudad.

Por otra parte, qué lejos están de suponer aquellos que transitan este sector de Cali, que no en todos los edificios hay entradas a elegantes almacenes comerciales, que no todo lo que se vende en el centro es: electrodomésticos, ropa, zapatos y otros accesorios. Sino que hay edificaciones que en cuyas entradas hay divisiones del mundo real a una dimensión tal vez explorada por pocos, pues en la calle 15 está ubicado el cine xxx “La 15”, un lugar que parece de otro mundo.

Se ve una especie de recepción, esta tiene un vidrio polarizado con un pequeño hueco en forma circular por donde se paga por entrar a este lugar, el solo acercarse a la ‘taquilla’ hace sentir intriga, genera misterio, pues se hace el debido pago por entrar, pero lo único que se puede ver durante esa acción, son los dedos de quien recibe el dinero. Adelante del vidrio hay una reja en forma de pequeños rombos que sirve de seguridad; aparentemente. Y esta recepción no es un cuarto mucho más grande de tres metros de largo por dos de ancho.

El costo para ingresar a este sitio es de cuatro mil pesos por persona y se puede entrar a partir de las nueve de la mañana, hasta las siete de la noche cualquier día de la semana, hasta la santa…

Una puerta de madera con dos afiches enormes con mujeres desnudas confirma que en este recinto no hay ningún tipo de censura. Después de esa puerta hay una cortina de color verde oscuro,  pareciera que no la lavan desde hace mucho tiempo, se le ven manchas como si hubieran regado algún líquido en ella. Además se siente un olor de algo que ha sido guardado por un largo tiempo. La puerta corrediza y la cortina sucia, asemejan la entrada a la de un baño de cantina.

En el interior de este lugar, que muchos caleños desconocen, a primera ‘vista’ no se puede distinguir absolutamente nada, es una oscuridad que desespera y se siente un silencio abrumador. Se dan pasos lentos, temerosos buscando desesperado una pared o algo que  sirva de guía. Sin embargo, un choque con algo aún no identificado, irrumpe el silencio del recinto.

Pasado el momento en el que se logra disipar un poco lo oscuro del lugar, se pueden distinguir dos hileras de sillas Rimax, las mismas que minutos antes había perturbado el mutismo en el que se estaba. Los asientos están del lado izquierdo y derecho de esa bodega de unos veinticinco metros de profundidad y cuatro metros de ancho aproximadamente. Entre las dos hileras de sillas hay un espacio que asemeja un pasillo de honor, honor a los que pasan a disfrutar de las proyecciones en VIP.

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Al fondo de este tenebroso lugar se percibe una luz tenue color rojo, esta luz indica el camino para llegar a la parte alta de la edificación. Sin embargo, antes de subir, hay una persona dando instrucciones junto a las escaleras. Es un hombre de edad avanzada, lleva puesto un sombrero de ala ancha blanco, una camisa guayabera blanca de mangas largas, pero las lleva dobladas, un pantalón color beige y unos zapatos tangueros blancos con acabados negros.

  • ¡Joven!
  • ¿Señor?
  • Si va a usar los mataderos, trate de no hacer ruido
  • ¿Los mataderos?
  • Arriba le explican
  • ¡Muchas gracias!

El panorama en el Segundo piso no es muy diferente al del primero. Hay filas de sillas que limitan con un balcón y en el techo justo arriba del balcón hay unas barras metálicas de las cuales cuelga un vídeo beam. La parte alta de este particular cine, es de la mitad del largo que la planta baja.

Frente al balcón en una pared que está bastante retirada se proyectan varias películas porno en categorías aleatorias: embarazadas, asiáticas, sadomasoquismo, entre otras. Las proyectan con poco volumen.

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No se logra ver mucho, por eso no se podría decir con exactitud cuántos espectadores hay. Se sabe que llegan algunas personas, porque entran alumbrando sus zapatos con linternas de bolsillo. Otro resto de asistentes se notan por unos puntos naranjas que parecen flotar, son las puntas de los cigarrillos que están fumando. Además de esto, en las esquinas se perfilan las siluetas de varias mujeres, ellas rondan por toda la estancia ofreciendo sus servicios.

Se pueden distinguir varios hombres, todos están sentados y ninguno está sentado junto a otro. Algunos no llevan camisas, se dedican a frotar sus barrigas como si fuera alguna mascota, son verdaderos personajes con cuerpos atléticos, tal vez XXX – L sean sus tallas. Otros, con sus camisas a medio doblar, se dejan llevar por la emoción de las películas…

Cerca de las escaleras, en una de las esquinas, dos mujeres  comentan:

  • ¡Milena, mirá una cara nueva y joven!
  • ¿Qué te trae por aquí? ¿Estás de curioso o venís a pasarla chévere?
  • ¿Querés entrar al matadero?

Camina que nosotras nos portamos bien con las personas que queremos.

  • ¡Ummm, pero nos salió complicado el niño!
  • ¡Dejalo, igual cuando él quiera nosotros le hacemos limpieza en general!
  • Ya sabes en dónde nos mantenemos.
  • Vale, gracias.

Una de las mujeres usa mini falda color naranja, tacones de unos 10 cm del mismo color, un top negro y unas medias de malla con ligueros color rosa. La otra, Milena, usa un short de jean, unas plataformas como de fomi y una blusa plateada con brillantes de fantasía.

Los cuerpos de estas mujeres son similares, senos que aparentan ser voluptuosos quizá por lo ajustado del top que usa una y la blusa que usa la otra. Hablando en términos de talla, estas mujeres podrían ser – noventa – ciento diez… – cincuenta. Las dos tienen el cabello largo, una de ellas juega con él.

A diferencia del primer piso, el segundo es visitado por aquellos que quieran algo más que disfrutar del cine, allí está la zona de los fumadores, y también los mencionados mataderos que en realidad son pequeñas piezas en donde difícilmente caben dos personas y las cuales se usan para que los asistentes desesperados practiquen escenas como las que se proyectan, en tiempo real.

Un hombre se para con brusquedad, se escucha una voz femenina diciendo “¡la suite está lista!” Con la misma rudeza con que dejó la silla, el hombre hala de un brazo a una mujer, la sujeta del codo. Los dos entran a uno de los minúsculos cuartos, tiran la puerta y el portazo perturba el silencio tal vez hasta del primer piso.

Un hombre de unos 75 años más o menos, pelo blanco, muy blanco, una camisa a la cual no se le distingue el color, azul; posiblemente y una bermuda café, se sienta y pregunta:

  • ¿Usted es de aquí?
  • ¿Viene a ver o viene para que le brinden un servicio en particular?
  • ¡Aquí se la chupan o le llaman una putica, es más si quiere yo se la chupo gratis!
  • Con permiso, ya iba de salida.

Habiendo escuchado y visto todo lo que fue posible ver y oír, quedarse en aquél lugar no es una de las opciones que se consideren. Llegar a la salida del recinto es la prioridad, la diferencia es que no se sale con la lentitud y el misterio con el que se ingresa, el recorrido no se hace como si fuera la primera visita que se hace al lugar, sino que se ejecuta como si fuera ‘cliente fiel’, y el cruce de la puerta entre el cine y la calle, esa puerta que minutos antes se cruzara con tanto suspenso y después de hacerlo la oscuridad suspende el momento, de nuevo se vuelve a cruzar, y en esta ocasión se vuelve a tener la sensación de estar a ciegas, no por falta de luz, sino por exceso de ella, el ambiente y el aire denso contaminado por los vehículos se torna en el más puro que se pueda respirar.

 

1 Comentario

  1. 9 Octubre, 2016 en 3:13 pm

    una buena cronica aunque en esos cines perversos andan siempre personajes morbosos y ruines que estan en las pantallas de telepacifico que porqueria

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  1. 9 Octubre, 2016 en 3:13 pm

    una buena cronica aunque en esos cines perversos andan siempre personajes morbosos y ruines que estan en las pantallas de telepacifico que porqueria

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