destacado-home

“Dios me dio el canto para expresar lo que llevo en el corazón”: Betty Garcés

Aunque Betty Garcés creció en un ambiente musical, rodeada de salsa con la afición de su padre a coleccionar los LP de Willie Colón, La Fania, entre otros, solo fue hasta la muerte de su abuela que Betty, encerrada en el cuarto de San Alejo de su casa en Trapiche en Buenaventura, entre tristeza y llanto se le desprendían unas voces melancólicas que le marcarían su futuro como la soprano más querida por los vallecaucanos.

Betty Garcés, nacida en una cuna de artistas, hija de un profesor de matemáticas y una madre pintora, después de la pérdida de su abuela materna Eufemia Bedoya, quedó sumergida en un momento de dolor y soledad, pues doña Eufemia, aunque sorda, era la única persona con la que se podía expresar.

“Más allá de esos intentos de comunicación con ella, había una conexión especial que hacía que nos entendiéramos muy bien. Cuando murió, fue como si mi mundo hubiese quedado mucho más aislado que antes, el poco piso que sentía que tenía se me había derrumbado”, dice Betty con labios temblorosos cada que relata este pasaje de su vida.

Tímida e introvertida en sus épocas de colegio, ella expresa que se le dificultaba establecer comunicación con los demás cuando era pequeña. Sin embargo, encontró en su abuela una forma de manifestar aquello que sentía y que con sus padres y amigos no podía expresar. Cuando tenía 8 años, la partida de su abuela llevó a que su mundo se tornara más solo y encerrado.

En el cuarto de San Alejo, donde reposaban los libros de su padre, las pinturas de su madre y sus juguetes, ella encontró un lugar para pasar la pena y el dolor por la pérdida de la mujer que mejor la comprendía. Entre lágrimas y llanto, se dio cuenta de que a la ausencia de palabras, podía esbozar una melodía que hasta entonces desconocía.

“A partir de una necesidad muy grande de desgarrar el dolor que sentía, surgió la magia del canto que yo no sabía que tenía. Este fue el lenguaje que Dios me dio para expresar lo que llevaba en el corazón”.

A sus 14 años sus padres la mandaron a vivir a Cali junto a Adriana, su hermana mayor, una tarde esta decidió inscribirla en la cátedra de música en el Conservatorio Antonio María Valencia.

“Betty fue una niña que aunque tímida, es muy centrada. En medio de su silencio fue muy soñadora y a pesar de las dificultades económicas y sociales que se viven en Buenaventura, nuestros padres nos inculcaron el estudio, que había que prepararse y ante todo soñar, que sin importar lo que estaba pasando en el contexto, habíamos nacido para vivir una historia distinta”, explica Adriana Garcés.

En la inscripción, para ampliar las posibilidades de quedar en el conservatorio, era oportuno poseer más aptitudes y herramientas respecto a la música. Aunque su idea inicial era aplicar al examen de admisión con una guitarra que desempolvó el día de la presentación, decidió hacer la prueba de canto.

“El día de la admisión me presenté con mi guitarra e interpreté la canción de Mecano, ‘Hijo de la luna’. Era como en el colegio, la más chiquita del grupo, además, era la única mujer y esto me hacía sentir algo nerviosa”, recuerda la artista con sonrisa.

De este modo, una vez superada la prueba de guitarra, asumió el riesgo de presentar la de canto, pero en medio de los nervios se le olvidó la canción, situación que la llevó a dejar de lado el instrumento musical que la acompañaba y debió valerse solo de su voz. A la semana siguiente al ver los resultados, en la lista figuraba su nombre en la categoría de canto y fue así como empezó a adentrarse en la ópera.

Mientras avanzaba su educación musical, el maestro y músico Francisco Vergara quien trabajó en la ópera de Colonia en Alemania, llevó a cabo una visita al conservatorio donde conoció el talento de la artista. Así, a la soprano se le presentó la oportunidad de viajar a Alemania en 2007 para hacer un posgrado en Ópera de Canto Lírico.

Tanto su estadía en Cali en su preparación musical y posteriormente su viaje a Alemania no fueron situaciones fáciles, pues sus padres carecían de los recursos suficientes para su educación. Sin embargo, hubo ángeles que le fueron mostrando el camino para cumplir su sueño. Uno de ellos, a quien guarda profundo cariño es el maestro Vergara, quien sería pieza clave en la formación musical de la soprano.

“Todo este proceso fue una aventura llena de aprendizajes. El viaje a Alemania fue una estadía llena de matices, me pasaron cosas muy buenas y otras no tan agradables que fueron formando mi carácter, por eso el aprendizaje allá no ha sido solo musical, me ha ayudado a crecer como persona y a entender a los demás”, recuerda la soprano.

Betty Garcés a sus 35 años ha tenido la fortuna de realizar presentaciones al lado de artistas reconocidos a nivel nacional y ha participado innumerables veces en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura. Su más reciente puesta en escena fue al lado de la Filarmónica de Cali.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Click para comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir a Top