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Opinión

Día sin carro… exotismo

Cuando un paciente asiste al médico porque está presentando fiebre, por ejemplo, el médico receta acetaminofén para controlar este síntoma, pero sabe que la fiebre no es el problema y, por ende, el acetaminofén no es la solución. El galeno debe identificar aquello que está generando la fiebre; en otras palabras, debe llegar a la infección y recetar el antibiótico que permita superar el problema real. Sin embargo, como Colombia es un país tan exótico, los médicos llegan hasta el acetaminofén. Algo por el estilo ocurre, lo digo en mi ignorancia sobre el tema, advierto, aunque padeciéndolo, con las medidas que se toman con relación a la movilidad en las ciudades; o mejor, con las decisiones que se dejan de tomar. A continuación comentaré brevemente algunas de las inteligentes decisiones de nuestros gobernantes y desarrollaré las decisiones que a mí parecer deberían estudiarse.

Una de las medidas ha sido el pico y placa. Un fracaso. Algunas familias han optado por algunas “trampas”, una de ellas, por ejemplo, tener dos carros económicos a cambio de uno costoso. Otras personas tienen ahora el carro que siempre han tenido pero han sumado una motocicleta para el día de pico y placa. En ambos casos, la consecuencia ha sido el aumento del parque automotor. Otra de las medidas: los sistemas de transporte masivos. Otro fracaso. En el caso de Cali puntualmente (aunque la parecer es a nivel nacional), nadie quiere subirse a un MIO por su pésimo servicio. Quienes no cuentan con otra opción, hacen esfuerzos por lograr comprar, por lo menos, una moto. Otros optan por los “piratas”. Nuevamente, incremento del número de vehículos rodando por la ciudad. Una medida más: ampliación de la malla vial. No funciona. Cada vez que se amplía o se construye una avenida, a los seis meses o al año, dicha vía está colapsada por el número de carros que la ocupan. La razón: todo el mundo quiere tener un carro y los concesionarios y el sistema financiero facilitan cada vez más el acceso. Consecuencia, más y más carros. Pero además, cada vez que se invierte en ampliación o nuevas vías lo que se hace es restar verde a la ciudad, al tiempo que sumar más gris y más humo. Una última medida: el día sin carro. Esta decisión no ha logrado, por múltiples razones, caminar hacia la transformación de la cultura ciudadana con relación a la manera de movilizarse en la ciudad y ha quedado reducida a un exotismo o una ilusión de compromiso ambiental.

Estimo que las decisiones han de ser básicamente dos que se implementen simultáneamente: desestimular el uso del vehículo particular e incentivar la movilidad en un sistema de movilidad que integre varias alternativas. Para desestimular el uso del vehículo particular hay que tomar decisiones imposibles en la actual cultura colombiana (todo lo siguiente para vehículos particulares): aumentar el precio de la gasolina, elevar el cobro el parqueaderos (incluyendo el cobro en universidades públicas y privadas), elevar el cobro de peajes, subir el precio de las autopartes, aumentar el precio de los impuestos y seguros (tanto obligatorios como opcionales), imponer la solicitud de permiso (con costo económico) para la compra de vehículos, etcétera. Con el dinero obtenido por todas estas medidas se podrían poner en marcha las medidas para incentivar la movilidad de manera alternativa al vehículo particular: inversión en ciclorutas o bicicarriles (seguros y frescos), mejoramiento del transporte masivo (pasándolo de manos privadas a una empresa de los municipios y logrando que funcione bien), fortalecer la oferta y la calidad del servicio de taxi, servicio que podría funcionar como colectivo en horas pico, etc.

Todo lo anterior se podría implementar sin inversión alguna en nuevas vías sino con las ya existentes, pues se sacarían carros de circulación. ¿Se imaginan Ustedes cuántos recursos nos ahorraríamos? ¿Se imaginan lo que se podría hacer con semejante ahorro en términos de inversión social –viviendas, hospitales, escuelas, universidades, parques, centros culturales, etc-? ¡Imaginen cuántos espacios verdes dejaríamos intactos o podríamos fortalecer!

Tomar estas dos decisiones con sus medidas respectivas significaría alterar el ritmo y el paisaje de las ciudades. Sin embargo, pareciera que quienes habitan esos territorios vivieran adictos al sofoco, a la estridencia, a las altas velocidades; anhelan grandes autopistas, puentes, túneles. El sector financiero, las multinacionales automotrices, los concesionarios, los dueños de estaciones de gasolina, los distribuidores de autopartes, las firmas de ingeniería que construyen obras de infraestructura vial, entre otros, como los políticos ladrones que cobran tajada por las obras, pondrían el grito en el cielo, financiarían revocatorias de mandatos, solicitarían investigaciones y sanciones por parte del Sr. Ordóñez; RCN, CARACOL, Blu Radio y “Julito” (Sánchez Cristo) lincharían al mandatario que se atreva siquiera a insinuar tales decisiones (y no estoy hablando del ex alcalde de Bogotá). Pero el más férreo enemigo de mejorar la movilidad de la ciudad desestimulando el uso del vehículo particular sería Usted, quien saldría a gritar: ¡LIBERTAD! (para consumir sin límite).

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