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Cali

Crónica: Ni la lluvia detuvo el baile. Breve descripción del Salsódromo 2017

El evento de apertura de la feria de Cali, estuvo cargado de agua, luces, colores y alegría.

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Los tambores, que anunciaban la apertura de la décima versión del Salsódromo, zumbaban en los oídos de más de 450 mil espectadores, que ubicados sobre la autopista sur oriental, se deleitaban con las luces proyectadas en los trajes de lentejuelas de comparseros y bailarines, quienes a ritmo de salsa seducían la atención de los asistentes.

Eran las tres de la tarde y sobre la autopista suroriental con carrera 44, se empezaba a aglutinar la gente que quería apreciar de forma gratuita el espectáculo de salsa más grande del mundo.

A los alrededores vendedores ambulantes aprovechaban la reunión de gente para ofrecer bebidas, espuma y comida. El olor de la feria es algo caótico, huele a carne asada sobre las brasas, a cerveza, a lociones femeninas esparcidas en el ambiente y esa tarde, más que nunca, a humedad en el aire.

Transcurrían las horas de ese 25 de diciembre y la masa de gente empezaba a ser más compacta. Afuera de las rejas del Salsódromo aumentaba el público mientras buscaban la ubicación perfecta para ver el desfile. Algunos pudieron subir al puente de la carrera 44, quienes llegaron temprano vieron el desfile en primera fila sobre las zonas gratuitas y hubo quienes se subieron a andamios colocados sobre la autopista, para no perderse la magna exhibición.

Eran ya las seis de la tarde y la gran batucada africana interpretada por el grupo Aainjaa, daba inicio oficial a la feria de Cali, bajo un cielo que desbordaba alegría y se contenía en llanto.

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Sebastián Díaz, bailarín de Danza Latina, grupo de Siloé que viene representado el baile de la comuna 20, empezó a vestir su traje naranja desde las tres de la tarde. Su sentir y amor por la salsa lo trajeron de nuevo a este escenario, que viene siendo su pista de baile desde el año 2012, con algunas interrupciones.

Sebastián venía de bailar salsa en el exterior y estar de nuevo para él en su ciudad natal, haciendo lo que más le gusta, lo llenó de una emoción incontenible, que solo pudo dejar ir a través de sus pies mientras bailaba. Él, como los 1500 bailarines que hicieron parte del show, dedicó con responsabilidad sus domingos para apostarle al baile y la salsa, se podría decir que el arte más destacado de la ciudad.

“Bailar bajo la lluvia fue demostrarle al pueblo las ganas y las ansias que uno tiene por el baile el amor que uno tiene por la música y la admiración que se le tiene a la salsa en esta ciudad, fue cumplirle a la gente y que vieran que siempre se superan los inconvenientes para dar lo mejor de sí mismos”, dijo Sebastián un poco triste después del Salsódromo, pues según él quedó iniciado debido a la suspensión del evento debido a la lluvia intensa que cayó sobre la sucursal del cielo, aunque Díaz también agregó “me queda agradecerle a todos los que hacen posible el Salsódromo, al público por brindarme la oportunidad de bailar y a Dios por poder bailar un año más en mi ciudad, pues como dice la canción, todos los caminos conducen a ti si supieras la pena que un día sentí cuando encima de mi tus montañas no vi”.

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Eran las seis de la tarde y pequeñas gotas empezaban a centellar sobre las lentejuelas de los trajes de los bailarines que hicieron parte del salsódromo. La alegría fue inmensa. Desde las graderías la gente coreaba las canciones típicas de la feria mientras esas melodías eran animadas por los pasos de las 30 escuelas de salsa convocadas para el evento.

Se vieron compañías de baile de la costa pacífica, de Bogotá y hasta de Francia, las cuales desfilaban en conjunto con las comparsas del Cali viejo. Amparo Arrebato, Jovita Feijó y hasta Riberita se vieron bailando al lado de bailadores de salsa con “el mejor estilo del mundo” según el campeonato mundial. Asimismo se remembraron los arquitectónicos caleños, la comida típica y los personajes que le han aportado a la cultura caleña.

Desde las graderías, mojados en una ciudad donde el calor prima se escuchó a Andy Montañez cerrar el Salsódromo. Los caleños disfrutaron a ritmo de salsa, con la sensación de que hizo falta rumba. Se bailó hasta donde dejó el clima.

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