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Opinión

“Cada vez que muera un venezolano moriré yo”

Con la llegada al poder del fallecido presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, al pueblo se le inculcó lo que ahora es causante de una de las mayores desgracias sociales y culturales de estos últimos 20 años de historia. El “cambio”, con el difunto presidente durante su campaña política en 1998, e incluso, un poco más atrás con el intento de golpe de Estado en febrero de 1992, gestó en el ciudadano una cultura mesiánica por esperar que alguien o algo llegara a cambiar sus realidades, la misma se materializó en 1998, con la victoria electoral del antes mencionado mandatario, pero el proceso denominado Revolución Bolivariana no ha sido más que un método para mantener el control y dominio de sus conciencias.

Hoy, a más de 3 años de la llegada al poder de Nicolás Maduro, y a 19 años de la instauración del proceso bolivariano, el venezolano no sólo enfrenta el entender la realidad caótica a la que su espera lo llevó, sino también aceptar que los nuevos precursores de ese cambio, y concretamente, los precursores de un cambio opositor son igual o incluso peores que los actuales sucesores chavistas.

A finales de marzo del presente año, se profundizó y efectuó lo que desde diciembre de 2016 se conoce como “Golpe de Estado Constitucional”, cuando la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, totalmente parcializado a la bancada oficialista, decretó a la Asamblea Nacional en su mayoría con diputados opositores en “desacato”.

La calle no se hizo esperar y de forma inmediata tanto, líderes políticos como los mismos ciudadanos por decisión propia se lanzaron a protestar para defender lo que después de tanto les había costado conseguir, una victoria electoral, una esperanza del ya nombrado ‘cambio’, más de 7 millones de venezolanos lograron entregarle a sus líderes el preciado Palacio Legislativo de Caracas y luego de aquella sentencia estaban dispuestos a defender y mantener esa victoria a capa y espada de la mano con sus líderes.

Las convocatorias eran continuas y las marchas impresionantes, multitudinarias, el mundo habló de todas e incluso se le bautizó a una como ‘La mamá de las marchas’, pero la violencia tampoco se hizo esperar, la lucha territorial se consolidó, para el gobierno era importante no dejar que todas esas personas llegaran a los puntos señalados en el oeste de la ciudad y para el protestante la esperanza de lograr algo estaba en pasar ese límite humano que representaba la Guardia Nacional Bolivariana.

Fue así como la sangre comenzó a correr, después de cada convocatoria se contabilizaron cientos de heridos y  jóvenes apresados, en el peor de los casos alguien terminaba perdiendo la vida. Y que forma de perder la vida, perder la vida por un ideal de “cambio”, perder la vida por la “libertad”, perder la vida por creer que se podía vencer.

Nacieron los libertarios, se les conoce así  a los más de 110 venezolanos que perdieron su vida en una protesta, quienes estuvimos ahí y mantuvimos una lucha constante, quien sintió el dolor de perder incluso a personas cercanas durante ese tiempo mantuvimos en nuestra mente que fuera de cualquier ideal, de cualquier líder, nuestra lucha seguía, porque esas pérdidas no podían ser vano.

Pero no fue suficiente, al ciudadano común al que creyó y dedicó tiempo, esfuerzo físico y presto su ayuda se le engañó. Al luchador, denominado ‘resistencia’ o ‘guarimbero’ también se le engañó, no sólo ahora 4 meses después de todo lo vivido personas como yo el único cambio que obtuvimos fue el de país, el cambio de ambientes, tuvimos que huir por nuestra seguridad, dejar atrás a nuestras familias, costumbres y logros.

Personalmente, di hasta mi último aliento fechado para el día 30 de julio de este año, día en que se cometió el asesinato a la democracia venezolana, el día en que la mentira más grande fue dicha, día en que los libertarios quedaron en el olvido, el día en que incluso los líderes políticos de oposición se unieron a esa mentira y ahora 16 días después  afianzan y consolidan la dictadura venezolana, hoy cuando piden al gobierno de Estados Unidos no sancionar a Diosdado Cabello, cuando piden al venezolano que crea en ellos y salga a votar en unas elecciones gubernamentales que no tienen base constitucional alguna, después de que se instaurara la Asamblea Nacional Constituyente porque Venezuela está en un denominado Limbo Constitucional y aún así dicen que “La lucha es democrática y electoral”.

Hoy, después de eso puedo asegurar que el “cambio” no es más que una desgracia para el venezolano, motivo de muertes y dolor para miles de familias venezolanas, motivo de hambruna, miseria, corrosión social y cultural, el mayor motivo de pobreza material y mental.

Hoy, a miles de kilómetros de mi hogar y de mi familia, puedo asegurar que no me arrepiento de haber dedicado cuatro meses de mi vida a la lucha en la calle, que llevo con orgullo cada herida en mi piel y en mi memoria, cada recuerdo por doloroso que fuera, cada vez que murió un libertario también moría yo, cada vez que muera un venezolano moriré yo.  Mi lucha física tuvo fecha de caducidad, pero mi ideal de lucha social aún no termina.

Mientras pueda decir y opinar sobre cada momento noticioso en Venezuela, mientras pueda describir cada momento de esos cuatro meses y sea de ayuda no solo para el venezolano sino también para el colombiano y cualquiera que lo lea mantendré la lucha.

*Venezolano radicado en Cali.

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