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Perfiles

4 años sin Jairo Varela

Murió a los 62 años de un infarto uno de los mejores compositores de música tropical colombiana. El creador del Grupo Niche dejó más de 200 canciones escritas de salsa, más de 100 éxitos y millones de melómanos tristes. Réquiem.

Jairo Varela Martínez (1949, Quibdó –2012, Cali) se murió sin desayunar, sin querer ponerse un stents (dispositivo para corregir la obstrucción) y sin saborear la canción ‘Estoy tocando el cielo con las manos’. Se murió en su casa, con varias llamadas perdidas en su celular y sin nunca haber podido ir al funeral de su madre. Se murió sin música, sin sus gafas puestas y sin poder publicar su libro inédito. Se murió así no más, de infarto a los 62 años como sabía todo el mundo que se iba a morir. Así, como son los infartos, de repente, se fue Varela cuyos amigos lo recuerdan como callado, reservado y taciturno, sus enemigos como osco, malgeniado y mal bailarín y sus músicos como maestro musical, exigente y mandamás. Se murió y nadie lo cantó.

Un resumen diría que Jairo Varela nació un viernes por la tarde en Quibdó, en el Pacífico colombiano; que fue el quinto de seis hijos, que su padre –Pedro Varela- fue comerciante, que su madre –Teresa Martínez- fue poeta, que siempre se enfermó del estómago, que fue bueno en historia y geografía, pero malo en matemáticas; que le decían ‘Carichola’ sin saber que significaba, que siempre vivió frente a la iglesia y alimentó sus oídos con cantos gregorianos, que aprendió a leer a los 4 años, que comenzó tocando la dulzaina en un grupo de niños músicos llamado La Timba, que luego se fue a vivir a Bogotá con su madre separada, que se casó a los 20 años, que fue padre a los 21, que tuvo cuatro hijas y un hombre que no supo donde mantenía, que conoció a su amigo y ‘enemigo’ Alexis Lozano –de Guayacán Orquesta- y que luego grabaría ‘Al pasito’, su primer álbum musical que dio inició al Grupo Niche, que más tarde compondría ‘Buenaventura y Caney’ que le daría fama, dinero y un viaje a Nueva York, que pasaría 34 meses en la cárcel acusado de enriquecimiento ilícito y que luego saldría libre, que fumaría Pielroja sin filtro, acompañado con un café negro hasta su muerte, que nunca le gustaba bailar sus propias canciones, que tras dirigir a su orquesta ante 800 mil personas en el Coliseo Marte de Perú un día de verano, en un día cualquiera, se sonrió y que tras cumplir hace pocos días 30 años al frente del Grupo Niche habría dicho en su silencio que todo tiene su final.

Benhur Lozada, empresario musical y amigo personal de Varela, sostiene que “Jairo era un talento musical único porque no estudió música, no aprendió ni a leer ni a escribir una partitura porque tenía un oído natural. Cuando escribía iba de inmediato a la música. Se sentaba con el arreglista y sacaba la canción”.

“Siempre quiso experimentar –agrega Benhur-. La última etapa de su vida siempre buscó nuevos sonidos, con algunas fusiones. Nunca estuvo contento con el sonido digital, por eso preferiría el análogo, y estaba en eso. Decía que hoy ninguna orquesta tenía golpe, y él quería intentar hacerlo de nuevo como en sus inicios”.

Por su parte, Richard Yory, investigador musical, dice que Jairo Varela y su Grupo Niche se ganaron, en menos de 30 años, el respeto del mundo de la salsa. “Se codeó con el Gran Combo de Puerto Rico que tiene 50 años y eso se debió a que tuvo disciplina y profesionalismo. Además siguió creando –y eso no lo hace cualquier cuando se pasa por la cárcel-. Gracias al Grupo Niche, Cali se conoce en el mundo”.

Y ese hecho de la cárcel marcó un antes y un después. Todo comenzó el 6 de septiembre de 1995 cuando la Fiscalía colombiana allanó los estudios de grabación del grupo en Cali. El 10 de diciembre de ese año, Jairo se enteró de una orden de captura en su contra y fue llevado a prisión. Luego lo dejaron en libertad en agosto del 96 porque el proceso se anuló. Pero nuevamente lo llamaron a juicio y privaron de la libertad el 5 de noviembre del 97. Fue condenado a seis años de cárcel por el mismo cargo de enriquecimiento ilícito, pero el 24 de septiembre de ese año salió libre, tras 34 meses detenidos.

Para Oscar Jaime Cardozo, melómano e investigador, “Eso de la cárcel marcó un inició y un final. Pero Varela es y seguirá siendo el inventor de la salsa colombiana. Llegó –junto con Alexis Lozano- a mezclar del folclor del Pacífico –currulao, cha cha- y creó un sello. Era un creador permanente y eso se notó en los 30 años del Grupo Niche”.

Sin embargo, tras la muerte del compositor tanto Benhur Lozada como Cardozo concuerdan en afirmar que sin Jairo Varela al frente del Grupo Niche la perspectiva cambia, toda vez que Varela era Niche y viceversa no solo porque era el director musical y artístico, sino el compositor y arreglista de la mayoría de los temas.

“Jairo era Niche póngale el cantante o los músicos que le pongan. ¿La creación quién la hará? Jairo es el más importante compositor de música tropical del país, con el respeto de Lucho Bermúdez. Que escriba alguien y tenga facilidad como lo hacía Jairo es un poco difícil de encontrarlo. Nadie sabe qué viene ahora”, dice Benhur.

Entre tanto, Cardozo teme que la banda pierda su rumbo porque no cree en las segundas partes. “Muere el creador. Sabíamos que en vida la gente no le funcionaba, no me imagino ahora muerto”. El investigador Yory es más positivo y cree que por ser una empresa de 30 años, el Grupo Niche no morirá.

Tito Gómez es para muchos el mejor cantante que ha pasado por el Grupo Niche. Hablé, vía telefónica, con este cantante puertorriqueño ocho días antes de que muriera de un paro cardíaco en Cali (12 de junio de 2007). Tenía una voz exquisita que, cuando improvisaba en tarima, era tan profundo que atraía la atención de todos. ‘Miserable’, ‘Un caso social’, ‘Como podré disimular’ y ‘Nuestro amor’, fueron algunos éxitos con Niche.

Aquella vez recordó su impresión del Grupo Niche. “La primera vez que vi la banda me gustó tanto que le cogí el tono y me subí a cantar como si llevara años en la orquesta. Corría 1985, estábamos en Nueva York, Jairo Varela me contrató y me ofreció un buen dinero para ir a cantar con ellos. No sé, no lo recuerdo bien, pero creo que fueron 5 mil dólares lo que me pagó para irme con ellos de gira”.

De Jairo Varela recuerda que en las giras siempre eran compañeros de habitación. “Jairo no me dejaba dormir pues se la pasaba toda la noche tocando los instrumentos porque se mantenía componiendo. Luego me decía que era una canción para mí. No sé si todavía tenga ese aliento de componer tan fácil y de no dejar dormir a los demás”.

Sin embargo, también contó que se fue de Niche por maltrato y porque Varela era un tipo difícil en su personalidad. “Tal vez por eso nunca volvería a Niche. Tendrían que pagarme demasiada plata y no creo que estén dispuestos. Algunos dijeron que me retiré por vanidad, pero no fue así”, recalcó Gómez, quien pasó por la Sonora Ponceña, el conjunto de Ray Barreto, La Terrífica y el grupo de Charlie Palmieri. “A Jairo Varela le gusta la renovación. Estuve en una época, muchos reconocieron mi labor, pero otros no admitieron mi talento. Sin embargo, la música es de épocas y eso toca respetarlas”.

Jairo Varela siempre dijo que compuso más de 200 canciones para el Grupo Niche, pero existía el mito que tenía otras 200 guardadas para el día en que muriera. Eso habrá que verlo. Pero lo cierto es que Varela no solo hizo canciones que fueron éxito, sino himnos que eso significaba algo así como poesía perpetua.

Benhur Lozada, amigo personal del compositor, cuenta que la canción favorita de Varela era ‘Atrateño’ (Del álbum ‘¡Directo desde Nueva York! (1984)). “Era una canción que pudo incluir en su primer álbum, pero por varias circunstancias solo pudo llevarla al cuarto álbum del Grupo Niche”. La canción es un tributo al río Atrato, el más caudaloso del país y del que Varela lo recordó siempre cada vez que hablaba de su pueblo Quibdó.

Uno de esos primero de esos himnos fue ‘Buenaventura y Caney’, del segundo álbum de Niche, ‘Querer es poder’ (1981), y primer éxito de la orquesta. El músico y arreglista Alexis Lozano recuerda que esa canción abrió las puertas a nivel nacional e internacional. “Una vez llamaron a Jairo y le dijeron que querían escuchar esa canción en Nueva York. Allá fuimos a parar y fue el despegue definitivo. Incluso, los músicos de Héctor Lavoe eran aterrados del éxito y del sabor de esa interpretación”. En esta canción, Varela muestra el amor por su etnia.

 Que sepan en Puerto rico, que es la tierra del jibarito,

a Nueva York hoy mi canto, perdonen que no les dedico,

a Panamá, Venezuela, a todos, todos hermanitos,

el Grupo Niche disculpas pide pues no es nuestra culpa

que en la costa del Pacífico hay un pueblo que lo llevamos

en el alma, se nos pegaron y con otros lo comparamos,

allá hay cariño, ternura, ambiente de sabrosura,

los cueros van en la sangre del pequeño

hasta el más grande.

Son niches como nosotros, de alegría siempre en el rostro.

A ti mi Buenaventura con amor te lo dedicamos.

Pero tal vez la canción que más himno se volvió fue ‘Cali Pachanguero’, del disco ‘No hay quinto malo’ (1985). Era un tributo a Cali, la ciudad que siempre quiso y que la encumbró al lado de otras grandes como Nueva York o París. Entre sus pregones hay estribillos emblemáticos que sellaron la suerte del Grupo Niche en el mundo. Tanto así que es una de las canciones con más versiones en diferentes voces: Moncho Santana, quien fue el primero que la cantó; Willy García, quien hizo su versión, y Tito Gómez, quien hizo dos adaptaciones, una de ellas para una película: ‘Salsa’, cinta de Boaz Davidson.

 

Cali pachanguero, Cali luz de un nuevo cielo.

De romántica luna, el lucero

que es leno, de mirar en tu

valle la mujer que yo quiero. 

Y el jilguero que canta, calles que se

levantan, carnaval en Juanchito 

todo un pueblo que inspira.

 Barranquilla, Puerta de Oro; Paris, la Ciudad Luz

Nueva York, Capital del Mundo;

del cielo Cali, 

la sucursal.

Según el investigador Richard Yory, “si la canción ‘Amparo Arrebato’ de Richie Ray y Bobby Cruz dio a conocer a Cali en el mundo, ‘Cali Pachanguero’ ratificó a la ciudad como un escenario de salsa y baile”.

Otras canciones de oro fueron ‘Una aventura’, del disco ‘Cielo de tambores’ (1990), que para muchos es la canción –y el álbum- insignia del Grupo Niche en el exterior. Varela, en una ocasión, dijo que era una canción que podía desbaratar matrimonios porque invitaba a “una aventura es más bonita si hacemos creer a los demás que no hay amor”. Otra interpretación es ‘Mi Valle del Cauca’, (álbum ‘Huellas del Pasado’ (1995)), una radiografía al departamento del Valle, la casa que lo arropó durante años; ‘Mi pueblo natal’, (disco ‘Llegamos al 100%’ (1992)), la canción favorita de Varela porque retrata a su pueblo, Quibdó, y ‘A prueba de fuego’, (1997), porque reflejaba el dolor de estar en la cárcel. Por algo lo dijo en el coro: “Si yo soy parte de la solución, no del problema”.

La mañana del 6 de enero del año pasado, Alexis Lozano –cofundador del Grupo Niche y fundador de Guayacán Orquesta- me aceptó una entrevista en su casa para hablar de música. Me recibió con una copa de ‘Viche’, una especie de aguardiente amargo del Pacífico colombiano, y se notaba que aún le quedaban vestigios de la fiesta de fin de año. Cuando habló de Niche –grabó y produjo cuatro álbumes-, su memoria se revitalizó y se tomó dos copas del ‘trago negro’. Lozano nunca se ha sentido inferior a Jairo Varela, pero tampoco superior. Solo aclara: “Fundé las dos mejores orquesta de Colombia: Grupo Niche y Guayacán Orquesta”.

¿Cuál es la verdadera historia del Grupo Niche?

Un día de 1979 iba caminando por la Carrera 7 de Bogotá (la vía más popular de la capital) y vi a la distancia que venían dos negros (afros), que eran escasos en ese tiempo, y uno de ellos yo ya lo conocía: era Ostwald Serna Arriaga, que fue compañero en varios grupos porque tocábamos la guitarra en Quibdó (capital de Chocó, departamento del Pacífico colombiano). Cuando nos vimos nos abrazamos. Luego me presentó (el otro negro) a Jairo Varela, que era de Quibdó. Ostwald Serna le dice a Varela, mirándolo: “Alexis toca todos los instrumentos”. Luego me mira y me dice: “Jairo es compositor de canciones y quiere armar un grupo. Al instante le pregunto a Jairo: “¿Y cómo se llama el grupo?”. Él me dice: “Grupo Niche”.

¿Qué pasó luego porque usted terminó aceptando la invitación?

Yo le di la mano cuando me dijo Grupo Niche. Me pareció interesante, nos metidos en un cafecito en la Séptima y comenzamos hablar de la creación de ese grupo. Jairo tenía en su cabeza la conformación de una orquesta, incluso tenía las canciones, pero no había nada más. Era un solo proyecto, un diseño. Me cantó las canciones y arrancamos en el apartamento en que yo vivía. Fuimos cantando las canciones y construyendo los arreglos musicales. Ya terminado nos fuimos a Discos Daro para buscar un cupo y que nos grabara el proyecto. El tema emblema fue ‘Al pasito’ (así se llamó el primer álbum). Yo tenía 22 años.

Entonces, ¿eso fue un proyecto de ambos?

Jairo tenía la idea y yo se la materialicé. Hice los arreglos musicales, conseguí el cupo para la grabación, conseguí los músicos porque me conocían y dirigí la producción musical del Grupo Niche: grabé el trombón. A Jairo poco lo conocían porque yo llevaba más tiempo en Bogotá.

¿Qué fue lo que más le impactó de la personalidad de Jairo?

Que era un soñador, un visionario, un tipo inteligente, demasiado valiente porque le apostó a un proyecto que estaba en el aire.

¿Y qué los separó?

Tras realizar cuatro álbumes me di cuenta que Jairo y yo concebíamos la música de diferente forma, incluso en la forma del negocio. Cuando el proyecto (Grupo Niche) caminaba y daba dinero, quería imponer sus ideas y yo no se lo permitía. Quería que prevalecieran sus ideas, sus conceptos. La diferencia fue ideológica, de concebir la ruta de la música. Nunca hubo problemas como muchos piensan. Eso fue todo y me fui a fundar Guayacán Orquesta.

Jairo Varela se murió el miércoles por la mañana y el domingo al medio día no lo habían enterrado. Estuvo en cámara ardiente en un teatro, luego en una plaza política. Se lo llevaron en helicóptero a Quibdó porque era una obligación. Se paseó muerto en un cajón. Le cantaron salsa y le lloraron a chorros. Luego lo pasaron por la Calle Quinta, la emblemática vía de Cali. El carro fúnebre se recalentó y tuvo que pasar a otro. A su paso la gente lloraba. Pero el tumulto no dejaba avanzar. Entonces se lo llevaron de afán, sin que pasará por su estudio –en la Calle Quinta-, al cementerio Metropolitano del Sur. Allá nadie supo. Pero allá está.

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